Todo lo que los fondos ‘Next Generation’ pueden hacer por la empresa familiar valenciana

España es el país europeo con mayor cuota de empresas familiares; representan el 89% del total de las empresas existentes, consolidándose año tras año como un activo de gran importancia con un innegable potencial de generación de empleo y riqueza. Del total de 1,1 millones de empresas familiares que se estima que existen en España, 132.000 se sitúan en la Comunidad Valenciana, siendo la autonomía donde tienen mayor representación porcentual. Constituyen el 91% del total y aportan el 70% del PIB regional. En términos de empleo, de un total de 6,58 millones de empleados en España, 756.000 se sitúan en Valencia.

En una economía como la actual, marcada por la globalización, el auge de la tecnología y el zarpazo de la reciente crisis sanitaria, la empresa familiar se enfrenta a un doble reto. Por un lado, debe mantener la pervivencia, en términos de mantenimiento de empleo, generación de riqueza y aseguramiento de un procedimiento ordenado de sucesión. Por otro lado, deben sumarse al proceso de transformación de la economía española, enmarcado en el conjunto de reformas e inversiones del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, aprobado por el Consejo Europeo en su formación Ecofin el 13 de julio de 2021.

El Plan supone inicialmente la movilización de 69.500 millones en subvenciones que se ejecutarán entre los años 2021 y 2023, con el fin de abordar los retos económicos y sociales y construir un nuevo modelo productivo más ecológico, digital y resiliente. Para ello establece un conjunto de inversiones y de reformas encaminadas a aumentar, de forma efectiva, coherente y duradera, el crecimiento potencial de la economía española.

En total contempla 212 medidas, de las cuales 110 son proyectos de inversión y 102 son reformas que se estructuran en torno a cuatro ejes transversales que constituyen las transformaciones definidas desde el principio en el centro de la estrategia de la política económica: la transición ecológica, la transformación digital, la igualdad de género y la cohesión social y territorial. Estos ejes se vertebran en diez políticas con gran capacidad de arrastre sobre la actividad y el empleo, que a su vez incluyen treinta componentes que articularán las inversiones y reformas necesarias para la transformación del país.

Es aquí, en la apuesta comprometida de la Unión Europea, en este conjunto de inversiones y reformas, donde se abre una oportunidad de especial relevancia para las empresas familiares. Teniendo en cuenta las peculiaridades de su origen y gestión, la oportunidad se convierte en obligación; no pueden permitirse quedarse atrás. Para ello deben aprovechar estos recursos y sentar las bases de su transformación, dirigiendo la cadena de valor hacia un nuevo modelo más tecnológico, digital, verde y cohesionado.

En este proceso deben utilizar sus propias armas para situarse en una posición privilegiada frente a las demás empresas. No podemos olvidar que las empresas familiares poseen ventajas en comparación con el resto, derivadas de su propia forma de constituirse, funcionar y configurar decisiones.

Todo esto unido, a una cadena de valores basada en la concepción de la empresa como una familia en la que el bienestar de sus miembros prima frente a lo demás, las sitúa en una posición de ventaja competitiva posicionándose en una muy buena situación de partida para abordar el cambio.

Así, en este contexto deben establecer una estrategia que les permita reforzarse y modernizarse, avanzando en tecnología y digitalización, y sin olvidarse de configurar su modelo productivo en torno a una energía más verde y renovable. En definitiva, el objetivo de las empresas familiares ha de ser transformarse con la mirada puesta en los cuatro ejes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia a los que deben dirigir el conjunto de actuaciones a realizar, y para las que el Plan contempla un abanico de ayudas.

Entre todas las posibilidades que abarca el Plan, las políticas tractoras en las que podrían tener encaje sus proyectos son la Política I, Agenda urbana y rural, lucha contra la despoblación y desarrollo de la agricultura”; la Política III, Transición energética justa e inclusiva; la Política V, Modernización y digitalización del tejido industrial y de la Pyme, recuperación del turismo e impulso a una España Nación Emprendedora; la Política VI, Pacto por la Ciencia y la Innovación. Refuerzo a las capacidades del Sistema Nacional de Salud, y la Política VII, Educación y conocimiento, formación continua y desarrollo de capacidades.

Todas ellas contemplan ayudas dirigidas a promover el emprendimiento y aumentar el tamaño y eficiencia de las empresas, así como a reforzar el capital humano, modernizar y reforzar el sistema de investigación y aumentar el capital tecnológico mediante la modernización del tejido productivo, con particular atención a las empresas que sean pymes.

Así mismo, este paquete de políticas contempla ayudas dirigidas a la transformación de la industria tradicional y a modernizar la red de infraestructuras físicas y digitales con el objetivo de reforzar la sostenibilidad y la resiliencia. Un campo al que estas empresas deberían prestar atención, con el fin de ganar competitividad y ahorrar en costes, es el de la modernización del sistema energético, que incluye medidas para que impulsen la producción e integren energías renovables.

Por tanto, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia se presenta para las empresas familiares como una oportunidad única para no perder competitividad y enfrentarse a los desafíos actuales. En este contexto, el objetivo ha de ser articular una estrategia con inversiones que contemplen las nuevas exigencias medioambientales, la digitalización, la innovación tecnológica y la cualificación. Y para todo ello presentan, por su configuración, una ventaja frente al resto de empresas: son más versátiles y flexibles, y sus decisiones giran en torno al capital humano, que es, en definitiva, la base de las empresas familiares.