La marcha forzada de Oltra revoluciona el final de legislatura

La dimisión de Mónica Oltra marca un hito tras siete años al mando del ‘Botànic’ junto a Ximo Puig y abre una nueva etapa en el Gobierno de coalición de izquierdas cuando queda apenas menos de un año para una cita electoral en la que Compromís pierde su principal cabeza de cartel.

Pese al intento de Mónica Oltra de resistir contra viento y marea como vicepresidenta de la Generalitat Valenciana, la líder de Compromís apenas ha aguantado unos días desde que se hiciera pública su imputación judicial. Oltra decidió evitar un posible cisma en el partido valencianista después de que su hasta hace poco socio de Gobierno, Ximo Puig, advirtiese a Compromís que era necesario tomar decisiones y que estas no se podían alargar.

Unas palabras que pesaron más como una amenaza que como un consejo a los miembros de la ejecutiva de Compromís, que apenas unos días antes habían cerrado filas en torno a la vicepresidenta valenciana cuando anunció que descartaba renunciar a su cargo para “no permitir que ganase la ultraderecha”. Sin embargo, el paso del tiempo y la presión también ha agrietado esa unión, después de que algunos de sus responsables como Joan Ribó reconociesen que debía darse una respuesta “colectiva” a la situación de la también portavoz de Gobierno.

Oltra justificó su cambio de postura en salvar el papel de Compromís en el Gobierno de coalición y sus políticas de izquierdas. Pero además, la hasta ahora vicepresidenta no dudó en responsabilizar en parte al presidente socialista Ximo Puig de su salida, ante las filtraciones sobre que barajaba destituirla y romper la coalición del Botànic si era necesario. Una situación que aseguró que ya sabía como acababa tras la estrategia que siguió el socialista para convocar las últimas elecciones autonómicas sin pactar con su aliado. “Políticamente no le voy a dar la coartada al PSOE para que rompa las políticas de izquierdas del Gobierno del Botànic, no sé si así ha quedado claro”, comentó en un tono airado.

Las palabras de Oltra dejan clara la profunda desconfianza y los recelos entre los dos grandes socios del Botànic cuando queda menos de un año para el final de legislatura, si no hay un adelanto electoral. Tampoco augura una tercera reedición del pacto de Gobierno sencilla en caso de que los resultados de las urnas lo permitan. Unos y otros tienen en mente desde hace meses las elecciones y buscan marcar distancias en aquellas materias en que sus electores muestran más discrepancias.

Precisamente la marcha de Oltra supone un duro golpe para las ambiciones electorales de Compromís, que tiene complicado sustituir a su cara más conocida. De hecho, el partido está dispuesto a que vuelva como cartel electoral si la causa judicial se resuelve favorablemente para ella. Los más fieles de Compromís defienden la teoría de Oltra de que la imputación por posibles irregularidades en la gestión del caso de abusos a una menor tutelada por la que se condenó a su exmarido es una cacería promovida por la extrema derecha.

El desgaste de una vicepresidenta y portavoz de Gobierno imputada amenazaba con lastrar toda la acción del Gobierno de coalición en lo que queda de legislatura. Además de empañar los logros del Consell también restaría credibilidad a uno de los principales argumentos electorales de la izquierda valenciana, que sigue echando en cara al Partido Popular el pasado de sus casos de corrupción. Una situación a la que se ha sumado el nerviosismo en las filas socialistas tras los últimos resultados electorales en Andalucía y la debacle de sus socios de izquierdas, ante el riesgo de perder uno de los gobiernos autonómicos que aún mantiene.