Adolfo Utor , presidente de Baleària: El naviero que toma el timón en solitario en plena tormenta perfecta

El responsable de reflotar la antigua Flebasa como Baleària, ha asumido el 100% de la naviera con la salida de Matutes por la crisis del Covid y ha visto como su rival histórico, Trasmediterránea, tiraba la toalla en Baleares, donde ahora lucha con los gigantes Gimaldi y MSC

Nacido en Alhucemas, Adolfo Utor siempre presume de la Marina Alta en la costa alicantina como su auténtica tierra. Más allá de la orilla, lo cierto es que el Mediterráneo ha sido para este empresario algo más que su paisaje casi diario. Primero en todo tipo de puestos en la antigua naviera Flebasa, donde recuerda que empezó como taquillero hasta llegar a puestos directivos. En esa compañía vivió en primera persona un auténtico tsunami que supuso la quiebra de la compaña y su reflotamiento como Baleària. Una compañía que de ser el hermano pobre en las rutas entre la Península y Baleares pasó a convertirse en el mayor operador de esos tráficos gracias a su liderazgo y a una provechosa alianza con una de las sagas empresariales históricas de las Islas Baleares, los Matutes.

El impulso que supuso la fusión en 2003 entre la compañía de Denia y las navieras Pitra y Umafisa de Matutes permitió a ambos socios abarcar las grandes rutas entre la Península y las islas, pero también entre las propias islas y posteriormente dar el salto al Estrecho de Gibraltar e incluso al Caribe, donde incluso el acercamiento entre Obama y Cuba le llegó a soñar con explotar la primera línea entre ambos países. Antes de que se desatase la tormenta del Covid 19, la naviera presidida por Utor alcanzó los 452 millones de euros de negocio y un beneficio de 29 millones en 2019, con una flota de 30 buques.

La crisis sanitaria supuso un varapalo para su actividad al limitar la movilidad e incluso llegar a anularse durante más de un año algunas de sus líneas como la de Valencia con Argelia. La marea de fondo ha traído otra revolución: la salida de Matutes de Baleària, en la que mantenía el 42,5%. El grupo familiar ha optado por centrarse en su actividad central, el turismo y los hoteles, otro de los sectores en que ha tenido un mayor impacto la crisis sanitaria. Una salida amistosa que se cerró con la compra por parte de Utor, que toma así el timón en solitario con el 100% del capital.

Las dificultades por la pandemia también han hecho que el que ha sido el gran rival histórico de Baleària, Trasmediterránea, ahora en manos del grupo canario Armas, haya tirado la toalla en el mercado balear. Una victoria amarga, porque a la tempestad actual se suma el hecho que su caída del gran rival ha supuesto la entrada en ese mercado de dos nuevos competidores los gigantes Gimaldi -que se ha quedado las líneas y los barcos de Trasmediterránea en ese archipiélago- y la filial de ferris del gigante MSC, el mayor cliente del puerto de Valencia. A ello se suma la escalada de los precios de gas, el combustible por el que ha apostado para cumplir con las nuevas exigencias medioambientales.