El molde de la industria valenciana para las próximas décadas

Un año después de la aparición del coronavirus en España, está claro que sus efectos van mucho más allá de una cuestión de Sanidad. La crisis económica que ha traído de la mano se ha convertido en el catalizador de muchos procesos que ya estaban latentes. Con la denominada nueva realidad y la necesidad de dejar atrás cuanto antes la crisis han entrado las prisas y muchos procesos se aceleran. Uno de ellos es la revitalización de la industria valenciana, que desde hace años reclama un plan sostenido y continuado en el tiempo que suponga una apuesta por un sector que sigue marcando la diferencia entre las sociedades y economías más avanzadas y las que aspiran a serlo.

El cambio de paradigma económico y la necesidad de reindustrializar un territorio que con la globalización perdió buena parte de la fuerza de sus industrias tradicionales manufactureras no es un debate nuevo. De hecho, hasta el actual Gobierno del Botànic bautizó a su Conselleria de Hacienda precisamente con el apellido de Modelo Económico. Pero más allá de los rótulos y los discursos, el futuro industrial de la Comunitat Valenciana afronta ahora mismo una encrucijada esencial, en la que se juega su transformación durante esta década y probablemente la estructura que la marcará en lo que queda de primera mitad de siglo XXI.

Desde Administración, a políticos y empresarios, todos tienen claro que los fondos Next Generation EU serán un motor fundamental que marcará la diferencia para crear nuevas industrias vinculadas a las tecnologías y la innovación. Pero también para la reconversión de los sectores industriales que siguen siendo fundamentales para la Comunitat Valenciana. En una coyuntura en que Ford no atraviesa su mejor momento en Europa, el proyecto de la gigafactoría de baterías eléctricas y su inversión de 2.000 millones puede dar aire y garantizar el futuro de la industria del automóvil, que es el mayor exportador autonómico con más de la cuarta parte de las ventas al exterior.

Junto con los proyectos de hidrógeno verde, la gigafactoría puede suponer una punta de lanza en un sector, el de la energía, en que la incertidumbre sobre el futuro a largo plazo se cierne sobre los mayores referentes actuales de la región, como la central nuclear de Cofrentes.

La iniciativa de la industria del calzado para recuperar producción deslocalizada gracias a la tecnología es otro ejemplo de esa ambición, que también cuenta con el respaldo de la Generalitat. Más allá de las grandes presentaciones de inversiones millonarias, se echan en falta medidas que favorezcan el día a día y la continuidad de las fábricas, como en la tramitación de permisos y licencias, los costes energéticos o la fiscalidad, como recuerda continuamente otro de los grandes fabricantes regionales, el clúster del azulejo.