2021 debe marcar la remontada tras el año más negro para el turismo

El turismo ha dejado atrás su año más negro y encara el 2021 con la esperanza de que la vacunación contra el Covid-19 devuelva paulatinamente la normalidad en el mundo. Ha de ser el año que marque el punto de inflexión hacia una recuperación que, en cualquier caso, hasta llegar a ver los niveles de actividad previos a la pandemia, llevará varios años. El sector tiene marcada en el calendario la Semana Santa para que comience a percibir un primer impulso, si bien todo dependerá de cuál sea la capacidad de la vacuna para que las restricciones que aún imperan en casi todo el mundo se flexibilicen y, a su vez, los ciudadanos recobren la confianza.

La industria turística arranca el nuevo año muy golpeada después de un 2020 en el que la pérdida de ingresos en el caso de España supera 100.000 millones de euros y en todo el mundo se aproxima al billón de euros. Las medidas adoptadas por el Gobierno, con los Expedientes de Regulación de Empleo Temporal (Erte) y los créditos ICO como puntas de lanza, han ayudado a amortiguar los impactos, pero el sector insiste en que han de tomarse ayudas reales directas para garantizar la supervivencia de miles de empresas que llegan a estas fechas con el agua al cuello -otras muchas, sobre todo de tamaños modestos, ya se han ahogado-. Piden más exenciones fiscales como se ha hecho en otros países europeos, entre otras medidas, para afrontar los desafíos que miran de cara. Porque a la pandemia también se suman otros, como el Brexit.

El paquete anunciado justo antes de Navidades por el Ejecutivo ha vuelto a ser considerado exiguo, tal y como ya ocurriera con la primera batería aprobada en junio. Los fondos europeos que llegarán presumiblemente a partir de la próxima primavera servirán para ahondar en la necesaria modernización del sector, con una apuesta decidida por proyectos de digitalización y sostenibilidad, pero no se perciben como el antídoto que las empresas requieren para superar la larga travesía que aguarda.

El sector turístico se enfrenta a una transformación que ya se había iniciado antes de la pandemia, pero que ahora se hace más apremiante. Abundar en un turismo de calidad es una prioridad compartida tanto por la parte pública como privada, pero para llegar a eso es necesario proteger un tejido empresarial que en 2019 representaba más del 12% del Producto Interior Bruto de España (PIB) y más del 14% del empleo, todo de manera directa.

Cabe esperar que esta crisis arroje un redimensionamiento del sector que determine compañías con un tamaño medio mayor y en el que la propiedad está cada vez más separada de la gestión, en el caso de los hoteles. Un nuevo escenario en que serán protagonistas aquellas empresas que atesoren una solvencia financiera, accionarial y de gestión más sólida.