2020, el año que el transporte vive a ciegas

El pasado tres de marzo Valencia confirmó la primera muerte por coronavirus en España. Ese día, los jefes de grandes aerolíneas europeas estaban reunidos en Bruselas más preocupados, aparentemente, por las emisiones de C02 y los impuestos medioambientales que por la pandemia que se avecinaba. Una semana antes, los contagios en Italia se dispararon y las aerolíneas empezaron a estudiar si cancelar los vuelos, tal y como ya habían hecho con las rutas a China. Ni la UE ni los gobiernos recomendaron dejar de volar y nadie se planteaba un cierre de fronteras o la suspensión de eventos.

La falta de información accesible y contrastada sobre el verdadero alcance del coronavirus y lo que estaba pasando en China, donde sólo hay 4.300 muertes oficiales, hacía imposible prepararse. Y la poca que había era ninguneada por el Ejecutivo que hasta casi el último momento mantuvo el mensaje de que en España no habría más de dos casos confirmados, que el virus era menos mortal que la gripe común. Ese 3 de marzo, Michael O’Leary, presidente de Ryanair, aseguró que la debilidad de la demanda por el miedo de la población se iba a alargar “dos o tres semanas” y que luego todo volvería a la normalidad. Willie Walsh, de IAG, habló de “impactos en el corto plazo” y de “una recuperación en meses”. El consejero delegado de Lufthansa, Carsten Spohr, fue el único que señaló “la gran incertidumbre”.

Menos de 15 días después de esa reunión se empezó a prohibir volar en toda Europa. Las restricciones a la movilidad fueron expandiéndose por el mundo obligando a las compañías a dejar sus aviones en tierra y “afrontar la peor crisis de su historia”. A finales de marzo no sabían cuánto tiempo estarían paradas y ahora, más de dos meses después, siguen sin tenerlo claro. No saben cuánto durará la crisis. Cuándo podrán volar con normalidad. Cuándo se abrirán las fronteras. Algunas compañías empiezan a hacer planes para junio o julio, pero sujetos a cambios. Los escenarios cambian cada día y las cúpulas directivas tienen listo desde el plan A hasta el Z. Sólo saben que el año está perdido y que tardarán mucho en recuperarse. “A la luz de la incertidumbre sobre el impacto y la duración del Covid-19, IAG no va a proporcionar previsiones de beneficios para 2020. El grupo espera que el segundo trimestre sea peor”, se limita a trasmitir IAG. Un mensaje repetido por easyJet, Ryanair, Aena y cualquier empresa del sector.