Un año de desaprendizajes, aprendizajes y esperanza

En este año que termina seguro que fueron muchas las formas de seguir adelante. Para ello fue necesario desaprender hábitos de hace años, incorporar otros que germinaron en nuevos aprendizajes y, cómo no, fue vital conservar la esperanza de un mañana mejor.

Recuerdo en estos días que cuando era niña solían decirme: “No te acostarás sin saber una cosa más”. Aprender era el verbo por excelencia que me daba la vida. Me encantaba ir a la escuela a aprender... Bien, pues además de aprender, casi 50 años más tarde, he podido incorporar otro verbo a mi vida, porque si algo he aprendido en estos días es a desaprender. Para mí significa darme el permiso y la posibilidad de aprender nuevos caminos, opciones diferentes y formas más creativas de hacer las cosas. Esto permite soltar creencias del mundo, de los demás y de mí que me estaban limitando la visión y no me estaban permitiendo cambiar con agilidad hacia la nueva realidad que se impone a ritmo de vacunas, fruto de la prisa y de la velocidad a la que se propagan los cambios.

Para ello fue necesario desaprender una lista de hábitos que tenía incorporados desde hace años e incorporar un nuevo hábito de manera presencial y online que ha dado sus frutos: Aprender a soltar y conseguir que lo que no nos aporta, deje de estar definitivamente en nuestras vidas.

Dejar de lado lo que no aporta

Ese definitivamente hace la diferencia, de veras. ¿Será que este año he tenido una mudanza en mi hogar y he visto cuántas cosas nos quitan el espacio y de esta forma roban segundos a nuestro reloj? Ese reloj estaba ya casi asfixiado, no había tiempo para mí. Por eso era necesario desaprender y lo que creía que era así, tan vital, ver que no lo era. Lograr más espacio físico, mental y emocional y no dejar que ni un minuto se perdiera en volver al pasado para contar lo desagradable que había sido algo del día o quejarme por lo acontecido que ya era una realidad, -no podíamos echar para atrás el tiempo, de acuerdo, pero tenemos el poder de no perderlo más de la cuenta-.

Cuántas gracias le he dado al 2021 por enseñarme qué es lo verdaderamente importante. No perder tiempo en hacer más leña del árbol caído. También a desaprender que algunos caminos se transitaban antes de una forma y ahora que existan los nativos pandémicos nos obliga a formarnos constantemente para aprender nuevas fórmulas de cómo conectar con los demás. Ojalá nos pongamos en marcha, como hicimos con la recogida de nieve tras el paso de Filomena, sintiendo ese silencio que habla de seguir haciendo, aunque no se vea aún el final del túnel, no parar. Caminar, seguir adelante y conservar la esperanza de un mañana mejor, porque al menos quiero mirar así el 2022, con esa pasión y ganas de tener un día más en el que se aprende, y también se desaprende.