Marco Méndez Albiol, ingeniero y emprendedor: “Somos la primera generación que podemos llevar nuestra vida y luchar contra el cambio climático”

Tiene 28 años, es ingeniero electrónico y quiere concienciar a la sociedad de la importancia de combatir el cambio climático. Para ello, Marco recorrió en verano, en bicicleta, los 2.600 kilómetros que separan Eslovenia de la localidad madrileña de Villanueva de la Cañada, y ya tiene sobre la mesa nuevos proyectos sostenibles

¿Cómo surgió esta aventura?

A raíz de empezar a buscarme la vida tras terminar la carrera estuve viviendo en Ámsterdam durante el año pasado, estuve haciendo un voluntariado en una empresa social que se dedica a proyectos de sostenibilidad. Básicamente, en Ámsterdam todo el mundo se desplaza en bici, es una pasada, y la idea surgió de ahí. La empresa en la que estaba está muy en contra de volar tanto en avión porque contamina una barbaridad. El mal uso de los aviones termina siendo un problema también. A raíz de eso se me pasó por la cabeza ¿y si me vuelvo en bici a casa? La idea fue cuajando y al final lo hice. Salí desde Eslovenia porque fui allí a un festival de música con unos amigos, yo me llevé la bici y salí de allí. Esa es la historia.

¿Cuántos kilómetros han sido?

Han sido 2.600 kilómetros, aproximadamente. Desde Eslovenia. Allí estuve dos días hasta llegar a la costa, luego pasé a Italia, a Trieste, hasta Venecia, de allí hacia el norte a Verona; luego pasé por unos lagos del norte, Milán y hacia el sur por la costa italiana. Llegué a Francia, atravesé Niza, Mónaco, Marsella y toda la Costa Azul y entré por la costa a España por no tragarme mucho Pirineo. Entré por Cataluña hasta Barcelona y me adentré hacia Aragón y lo crucé hasta llegar a Madrid.

¿Cuántos días ha durado esta aventura?

45 días. De media hacía unos 60 o 70 kilómetros cada día. El día que más hice fueron 128 kilómetros.

En este viaje has vivido muchas situaciones ¿Qué ha sido lo mejor del viaje?

Es difícil buscar lo mejor de todo, pero realmente siempre se lo cuento a la gente: lo mejor de todo, aparte del sentimiento de aventura, es no saber qué te vas a encontrar, no saber qué va a pasar mañana ni dónde vas a dormir, porque no planeé el viaje, lo iba planificando al día. Ese sentimiento mola mucho.

Y también me sentía muy seguro durante todo el viaje porque me he sentido muy bienvenido en todas partes; y la gente, me he encontrado a un montón de gente abriéndome las puertas de su casa para dormir, invitándome a comer... me he encontrado a gente estupenda por el camino y sentía que ante cualquier cosa mala que pudiera pasar siempre iba a haber alguien que me iba a echar una mano.

Me he quedado con ello porque empecé durmiendo en campings y acabé durmiendo a la intemperie, en el campo, en playas... no me ha pasado nada malo. Lo peor que me ha pasado es que me robaron una batería portátil que me dejé cargando en el camping. Eso es lo peor que me ha pasado en todo el viaje.

¿Y lo más difícil?

Lo peor puede ser que a veces te encuentras en sitios que no son bonitos. El camino es largo y hay partes de la travesía en las que atraviesas zonas en medio de la nada y estás cansado, tienes calor, estás en la mitad de agosto, pedaleando... y dices ¿qué hago yo aquí? Esos momentos son un poco duros, de soledad, aburrimiento, de decir: puff. Pero lo compensa cuando llegas a sitios mejores.

¿En algún momento pensaste en tirar la toalla?

Realmente no. Había días que estaba realmente cansado, pero como no tenía fecha de llegada, he tenido la suerte de poder dedicarle el tiempo que necesitase, no iba con el agobio de tener que seguir.

Si un día estaba más cansado hacía menos kilómetros o me relajaba un poco más. Eso pasó realmente dos o tres veces en todo el viaje, pero no llegué a ese límite de decir no puedo más.

¿Qué punto del recorrido te ha impresionado más?

La verdad, no sabría decirlo. Realmente es muy difícil. Impresiona cuando estás llegando a Trieste y sales de la montaña y de repente ves el mar. Y llegué justo con la puesta de sol, una pasada. Pero luego atraviesas ciudades como Venecia o Verona, que son preciosas, y sitios naturales como algunas calitas, algún punto en el campo... son momentos en los que estás tú solo en medio de la naturaleza o de sitios históricos y es impresionante. Y sobre todo me ha encantado atravesar Aragón y todas las zonas medievales que no son tan conocidas y están un poco olvidadas.

2.600 kilómetros para concienciar sobre los efectos del cambio climático. ¿Qué puede hacer tu generación para concienciar a la sociedad sobre la importancia de proteger el planeta?

Creo que gestos como este ayudan a lanzar el mensaje de la importancia que tienen la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático. Y sirven para dar ejemplo y poder llegar a mucha gente, como con esta entrevista.

También podemos aprovechar las redes sociales y todo este mundo que está moviendo esta generación para bien, son una herramienta que, bien usada, puede llegar a mucha gente y ser muy útil.

Además, pertenezco a una generación a la que se nos ha educado desde pequeños en reciclar; y somos de las primeras generaciones que podemos llevar nuestras vidas en paralelo con trabajar contra el cambio climático y a favor de la sostenibilidad.

Tratándose de una revista de seguros, la pregunta es obligada: ¿viajaste asegurado?

La verdad es que no. Cuando estuve en Ámsterdam tenía un seguro obligatorio que debía tener y aparte llevaba la tarjeta sanitaria europea. Con eso iba cubierto. Por suerte no pasó nada. Estuve a punto de asegurar la bici, por si acaso, pero al final no lo hice y por suerte no hubo ningún problema.

¿Qué proyectos tienes ahora? ¿Alguna otra acción a la vista?

Relacionada con el cambio climático que, al fin y al cabo, es a lo que me quiero dedicar, ya sea a nivel de ingeniería o de otros aspectos, ahora mismo tengo otro proyecto que se llama El bote amarillo, está en Instagram. Es un proyecto que tengo en Villanueva de la Cañada de reciclaje de aceite de cocina usado. Estoy empezando a ponerlo en marcha. Básicamente, estoy facilitando la recogida a domicilio de aceite usado para concienciar a la gente del reciclaje de este residuo. Es algo con lo que la gente está muy concienciada realmente después de varias encuestas que he hecho, los ciudadanos lo conocen, saben que tiene un impacto negativo, pero todavía, por diferentes circunstancias, por pereza o porque no tienen un sitio donde llevarlo, al final no se recicla.

Si pudieras pedir algo al Gobierno, ¿qué sería?

Relacionado con el cambio climático, que no se politizase tanto. Cuando se trata de hechos científicos probados y hay que tomar unas medidas que no son discutibles, el politizarlo es el camino incorrecto y puede frenar mucho y ralentizar todas las medidas que realmente se tienen que tomar. Y en cuanto a movilidad, lo que a mí me toca aquí en Madrid, tuve que atravesar la capital en mi regreso a casa y no es la ciudad más segura para ir en bicicleta. He visto que se están empezando a poner en marcha carriles bici, pero todavía queda.

Es verdad que en España me he sentido muy seguro en la carretera con la bici, a pesar de todos los peligros que tiene me han respetado bastante, pero te sientes muy vulnerable en la bicicleta y eso no lo notas dentro del coche. La gente tiene que saberlo y concienciarse de que cada vez hay más movimiento en bicicleta para moverse en las ciudades y hay que tener cuidado. Al gobierno le pediría acciones para facilitarlo y al resto de conductores que también sean conscientes de que hay otros tipos de movilidad y que son necesarios.

Pueden ver el recorrido de Marco en su perfil de Instagram: @marco.mendezalbiol.