Bilbao: entre el orgullo de ser y la imparable evolución

Calles señoriales y la ría que se abre paso marcando la historia del lugar. Desde aquel antiguo astillero que, al cerrar, dejó a la ciudad industrial huérfana de progreso hasta la creación de lo nuevo que viene. Con ese orgullo particular de no olvidar el origen, Bilbao.

Tal vez, el paseo que mejor representa ese empecinamiento amable por no desconectarse de quiénes son es el de la memoria (Abandoibarra). Un recorrido que, entre esculturas, refresca el germen de lo que siempre está por suceder. Con el Guggenheim de fondo -que siempre vale la pena la visita- impresiona el dolor mudo del conjunto escultórico de las Sirgueras. Esas mujeres de antaño, en su mayoría viudas, que arrastraban las barcas. No pierda detalle de los rostros y la memoria de los tejidos de los trajes creados por la artista Dora Salazar.

O la inquietante adolescente que emerge de la ría a pocos metros del puente de Zubizuri. Bihar (mañana) es obra del escultor hiperrealista Rubén Orozcouna, creada para incomodar con los interrogantes que provoca. Y lo logra.

Mientras la escultura punzante nos lleva a pensar qué estamos haciendo hoy para que ese mañana soñado no sea pura utopía, hay otros que lo están creando.

Diseño e innovación

Desde el Basque Biodesign Center ya se reflexiona y experimenta con nuevos materiales. Enclavado en medio de un caserío tradicional, nada hace sospechar que allí el futuro se crea con impresoras 3D, observando la naturaleza y repensando qué hacemos con los desperdicios de hoy para convertirlos en telas, paredes o suelos sostenibles. Que lo sostenible no es crear algo nuevo, sino entender qué hacer con lo actual.

Y aunque parezca raro hablar de pieles naturales en esta época, en el taller de peletería Ramón Ezkerra lo de ayer y hoy se convierte en prendas perfectamente diseñadas y recreadas por encargo.

Diseño y souvenirs con mucha alma

Por supuesto, como en toda ciudad abierta al turismo, encontrará los detalles comerciales para llevarse un poco de Bilbao con usted. Pero está aquí y el diseño autóctono es parte de la identidad cultural de la ciudad.

Respetando orgullosos el diseño local y los artistas que plasman lo que la realidad acota, en el Azkuna Zentroa, la antigua Alhóndiga de Bilbao, a los días le faltan horas para empaparse de las actividades y el arte contemporáneo. Vaya. Así como consejo de amigo. Vaya, tómese un momento para enamorarse de los espacios, la cultura, y ese hall central con las columnas diseñadas por Philippe Stark.

I’m a Basque Designer cuelga orgulloso el cartel con los diseñadores que plasman la idiosincracia de la ciudad. Desde los collages imposibles de Susana Blasco hasta la tinta sensible de Aitor Sarabia, una tienda del Azkuna siempre cambiante, respetuosa con el producto, el resultado y los artistas.

Si lo suyo es callejear en busca de regalos, aproveche el paseo por las siete calles de su casco histórico y hágase con algunos de los detalles artesanos de Orriak. Hasta puede ver cómo Miguel Ángel crea esas maravillas caladas en hojas de magnolio, mientras Edurne le cuenta historias del lugar. Para tradiciones, las históricas piezas de Calzado Bizkarguneaga, todo un emblema local para encontrar tallas grandes, alpargatas, albarcas y trajes tradicionales.

Y si ha sabido observar, seguro que la flor del sol, la Eguskilore, ha aparecido como testigo y guardiana de todo lo que sucede en su viaje. El símbolo de protección de la mitología vasca que, también, puede llevarse puesto. Que en joyerías Eguskilore aseguran que el amuleto comenzó allí y basta ver los 71 años de historia realizando alta joyería para el País Vasco y más allá, que nadie se atreve a poner en duda el motivo de su progreso.

Identidad en boca

Durante el recorrido, imposible no tentarse con la gastronomía vasca. ¡Hay tanto por descubrir! Aproveche ese orgullo y amor por este terruño, convertido en platos de carnes, pescados y verduras frescos, coloridos y sabrosos de los mercados y restaurantes locales. ¿Recetas tradicionales? ¡Claro! ¡Está en la ciudad del orgullo por la identidad!

Y no olvide dejar espacio para lo nuevo. Porque todo ese diseño y creatividad vasca también se sirve a la mesa. Desde el estrella Michelin Neura, el modernísimo Basuki o el sorprendente Basquery y sus maravillosas cervezas artesanales. La IPA, no se vaya sin haberla probado.

O algún txacolí de la premiada Viña Sulibarria. Por cierto, súper recomendada la visita a su molino tradicional que aún sigue funcionando.

Pero el Bilbao de hoy es también el de ayer. Un domingo a la mañana por Portugalete, cruzar el puente colgante, terraceo en el restaurante homónimo y adentrarse en la feria o algunas de las terrazas para ver los pasacalles o las gentes del lugar que se mezclan con curiosos de todas partes. Bilbao es una ciudad viva, latente, ecléctica, colorida, un destino imprescondible en cualquier época del año.