La vanguardia de la cardiología pone el acento en la ‘prevención fácil’

No hace falta ser un atleta ni seguir una dieta draconiana. Los expertos reunidos (de forma virtual) en el congreso anual de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) promueven la prevención fácil para vivir más y con una mejor salud cardiovascular haciendo cosas tan sencillas como beber agua o ir al dentista.

Nunca es tarde, ni siquiera para las personas que yan han sufrido algún problema de salud cardiovascular. Un estudio presentado en el encuentro anual de la ESC, en el cual se analizaron los datos de más de 30.000 personas, muestra que mantenerse activo, por tarde que empecemos a hacerlo, tiene tantos beneficios para la salud (o casi) como haberlo sido de forma constante anteriormente. Nathalia González, investigadora de la Universidad de Berna (Suiza), y responsable de presentar los datos en el encuentro científico, ha valorado así el hallazgo: “Estos alentadores datos muestran cómo los pacientes con enfermedad cardiaca coronaria pueden beneficiarse de mantener o de adoptar por primera vez un estilo de vida físicamente activo”. Aunque es habitual que los médicos recomienden cierto grado de actividad física a sus pacientes cardiópatas, esas recomendaciones suelen basarse en estudios que emplean una única valoración de lo activa que es una persona o bien prestan atención a su evolución en el tiempo. Este análisis tiene en cuenta que los pacientes varían su conducta en el tiempo, con periodos de mayor y menor actividad física. Los datos al respecto se compararon con las tasas de supervivencia. Comparando con quienes no realizan actividad alguna, las personas que realizan algún ejercicio con regularidad tienen un riesgo de mortalidad un 50% inferior, pero quienes pasaron de inactivos a físicamente activos también se beneficiaban en gran medida, con un riesgo 45% menor. Por el contrario, en quienes habían sido físicamente activos, pero abandonaban este saludable hábito, el riesgo era solo un 20% menor.

González y sus colaboradores llegaron a la conclusión de que “un estilo de vida activo mantenido durante un periodo de años se asocia con la mayor longevidad, pero los pacientes con enfermedades cardiacas pueden compensar años de inactividad y obtener beneficios sustanciales si empiezan a hacer ejercicio en etapas posteriores de la vida, eso puede animar a los pacientes a empezar a realizar ejercicio independientemente de cuáles fueran sus hábitos en el pasado”.

¿Queremos ganar siete años de vida sin problemas de salud? Según los cardiólogos no es tan difícil. El saldo de cumplir las recomendaciones de los especialistas y tomar la medicación después de haber sufrido un infarto de miocardio es también alentador. Tinka Van Trierof, de la Universidad de Ámsterdam, uno de los autores de este estudio, ha explicado en el congreso que muchos de los pacientes que pasan por un infarto de miocardio tienen un riesgo bastante elevado de sufrir un segundo episodio a lo largo del año siguiente. No obstante, su trabajo sugiere, datos en mano, que mejorar el estilo de vida en general y tomar la medicación adecuadamente, según las indicaciones del cardiólogo, es una forma eficaz de reducir ese riesgo de manera significativa “ganando muchos años de vida sin episodios cardiovasculares”.

De interés para quienes se preocupan por su salud cardiovascular porque existen antecedentes de enfermedad en su familia, los especialistas han presentado datos que indican que las personas jóvenes que sufren un infarto no son víctimas de su herencia genética sin más: “Los sujetos jóvenes que sufren un infarto de miocardio suelen ser fumadores, obesos y tener valores elevados de presión arterial o diabetes”. Evitar sumar estos factores de riesgo, preferentemente en la infancia y la adolescencia “es una forma de reducir las probabilidades de padecer enfermedad cardiovascular en el futuro”, ha declarado uno de los autores y ponente en el congreso, Harm Wienbergen, del Instituto Bremen para la Investigación en Cardiología y Circulación (Alemania).

Más sencilla aún es otra medida preventiva que ha encontrado en el encuentro anual de la ESC aval científico: beber suficiente agua, de acuerdo con Natalia Dmitrieva y su equipo de investigación, de los estadounidenses Institutos Nacionales de Salud Pública en Bethesda, mantenerse bien hidratado puede ser una estrategia preventiva útil frente a la insuficiencia cardiaca. Según ha explicado, un buen grado de hidratación puede prevenir o, por lo menos, ralentizar los cambios que se producen en el corazón y desembocan en esta enfermedad. De hecho, este trabajo proporciona pistas a los cardiólogos para evaluar si sus pacientes se hidratan debidamente, con especial atención a quienes muestran niveles de sodio superiores a 142. Este nivel de sodio se considera normal y no llamaría la atención en una analítica, pero los autores sugieren que puede servir a los especialistas para identificar quiénes se beneficiarían en mayor medida de cuidados relativos a su consumo de agua.

Por otra parte, se han presentado datos adicionales sobre la relación entre la enfermedad periodontal y las condiciones cardiovasculares. Cuanto más severa es la periodontitis, mayor es el riesgo de que la persona padezca alguna enfermedad cardiovascular. La responsable de presentar estos datos ha sido Giulia Ferrannini, del Instituto Karolinska en Estocolmo (Suecia). “Nuestro estudio indica que los programas de cribado que incluyen revisiones dentales regulares y educación sobre higiene dental pueden ayudar a prevenir un primer episodio cardiovascular -y los subsiguientes-”, ha dicho. Sus datos se recopilaron y analizaron con un seguimiento a largo plazo.

Otra estrategia preventiva con amplitud de miras de cara al futuro es la que proponen los autores de un estudio sobre consumo de alcohol y rigidez de las arterias (que se asocia con enfermedad cardiovascular), y que además ha analizado las consecuencias de añadir tabaquismo a esta -habitual- combinación de factores de riesgo.

En este caso, expertos del University College de Londres (Reino Unido) estudiaron esa relación partiendo de la teoría de que, cuanto más alcohol se consume, más se acelera ese proceso de rigidez en los vasos sanguíneos. Se centraron en población adolescente y adultos jóvenes porque ese periodo de la vida es clave en cuanto a la adquisición de hábitos, han explicado.

A medida que envejecemos, los vasos sanguíneos pierden elasticidad de forma natural, pero el proceso se acelera con el consumo de tabaco -según estudios anteriores- y alcohol. Los sujetos incluidos en este trabajo tenían edades comprendidas entre los 17 y los 24 años. Hugo Walford, coautor, ha dicho en la presentación: “Los resultados sugieren que el daño en las arterias se produce en jóvenes consumidores de alcohol y mujeres que fuman mucho. Quienes no habían fumado nunca y los que habían abandonado el hábito tenían alteraciones y un grado de rigidez arterial similares, lo cual indica que dejar el tabaco es un modo de recuperar la salud cardiovascular en personas jóvenes. Por otra parte, el consumo excesivo de alcohol es con demasiada frecuencia una experiencia habitual entre los estudiantes. Es posible que estos jóvenes piensen que beber y fumar no causa daños a largo plazo, pero los resultados indican que estas conductas sitúan a las personas jóvenes al comienzo de un camino que comienza con rigidez arterial prematura y puede acabar desembocando en cardiopatía o ictus (infarto cerebral)”.