La factura por los daños del sol se acumula en la piel

El daño de la radiación ultravioleta se va acumulando a lo largo de la vida, por eso hay que evitar excesos al sol

Los expertos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) lo tienen claro: “Si existe un cáncer fácil de prevenir, diagnosticar y tratar precozmente, es el cáncer de piel”. Sin embargo, con los datos actuales en la mano se puede decir con la misma seguridad que no estamos haciendo bien lo primero, que es prevenir; ni lo segundo, que es identificar a tiempo las lesiones en la consulta del médico. Por supuesto, la pandemia de SARS-CoV-2 ha tenido mucho que ver en este segundo aspecto. La crisis sanitaria ha generado retrasos en las consultas sobre lesiones de la piel, sobre todo en la población anciana, y ha hecho que, cuando se detectan, los melanomas tengan un mayor tamaño que el promedio de los diagnosticados en otras circunstancias no excepcionales.

La EADV participa hace años en la campaña Euromelanoma a través de la Fundación Piel Sana. Este año, los especialistas ponen el acento en la capacidad que cada persona tiene de prevenir este tipo de tumores adoptando las recomendaciones de la sociedad científica. Los hábitos de la infancia y la adolescencia pasan factura con los años. Ángeles Flórez, que coordina la Campaña Euromelanoma, recuerda que la incidencia de esta enfermedad se podría reducir si desde la niñez se establecieran hábitos “dermosaludables”.

Cualquier persona puede desarrollar un melanoma cutáneo, pero hay ciertas características que hacen que el riesgo individual sea mayor, y el más importante de los factores externos es la cantidad y la forma de exponerse a la radiación ultravioleta (sol o cabinas de bronceado) de cada uno. Una quemadura solar grave, con enrojecimiento y formación de ampollas, aumenta considerablemente el riesgo de padecer melanoma, aunque se presente muchos años después.

Frente a ese riesgo, existen dos estrategias preventivas fundamentales. La prevención primaria es al que se adelanta a la enfermedad. Consiste en reducir todo lo posible la exposición a los factores externos que aumentan el riesgo. Se recomienda buscar la sombra, particularmente en los días de sol intenso típicos del verano, usar ropa y otros elementos como barreras físicas: gorros, sombrillas y, desde luego, cremas con protección, cuanto más elevada, mejor. Evitar las cabinas de bronceado es algo que los dermatólogos recomiendan “encarecidamente”.

La prevención secundaria es la que se pone en marcha con el objetivo de diagnosticar y tratar cualquier enfermedad a tiempo. Cuando se habla de melanoma, la autoexploración es una de las claves de este tipo de estrategia.

Según Eduardo Nagore, también coordinador de la Campaña Euromelanoma de la AEDV, “la carga adicional que han vivido los sistemas sanitarios, sumada a las restricciones y confinamientos han incrementado la tendencia a no acudir a las revisiones de la piel; por ello, en estos momentos la autoexploración es aún más importante para combatir el melanoma”. Debe realizarse una vez al mes, mirando toda la piel -incluido el cuero cabelludo-, y puede realizarse con ayuda de fotografías iniciales de todo el cuerpo para apreciar cambios. La AEDV incluso avala una aplicación móvil que ayuda en la autoexploración: eDerma. Se pueden activar la aplicación Skin Check en Alexa o el asistente de Google para entender mejor el proceso y recibir alertas recordando el día que toca realizar la autoexploración.

Un reciente sondeo entre expertos, realizado por la Coalición Global de Pacientes con Melanoma, que aglutina numerosas organizaciones de todo el mundo en representación de los pacientes, demuestra que uno de los estragos que ha dejado el nuevo coronavirus ha sido que una quinta parte (21%) de los melanomas no se diagnosticaron en 2020 por culpa de la pandemia. En términos absolutos, eso significa que hay 60.000 personas que padecen la enfermedad sin saberlo y sin recibir tratamiento alguno. Se calcula que en España son aproximadamente 1.113 individuos. En ese periodo, según la AEDV, se redujo en un 40% el número de tumores intervenidos.

La incidencia del cáncer de piel en España no figura entre las más altas de Europa. El 46,2% de los diagnósticos que se llevan a cabo en las consultas de dermatología en España son de enfermedades de tipo tumoral. Cada año, se diagnostican unos 5.000 nuevos casos en el país.