Logran identificar indicios de cáncer
décadas antes de su diagnóstico

Un equipo de hematólogos ha conseguido identificar indicios de un tipo de cáncer de la sangre conocido como neoplasia mieloproliferativa Filadelfia negativa décadas antes de su diagnóstico, ofreciendo una ventana para tomar medidas que prevengan o hagan más lento su desarrollo

Conocer con toda la antelación posible si un cáncer se está desarrollando es una estrategia esencial para su mejor tratamiento o control. Ese objetivo está cada vez más cerca gracias a un nuevo estudio sobre las neoplasias mieloproliferativas, un tipo de cáncer hematológico, que según un estudio presentado en el congreso anual de la Sociedad Americana de Hematología (ASH) puede detectarse años antes de que llegue el diagnóstico, incluso durante la infancia. En este tipo de cáncer, se sabe por ejemplo que el peso corporal tiene una enorme importancia porque puede hacer que los síntomas sean más o menos graves, de modo que, si se controla el peso en personas vulnerables, por ejemplo, es más probable que el control de esos síntomas sea eficaz. Los autores del estudio, liderados por Jyoti Nangalia, del Instituto Wellcome Sanger y la Universidad de Cambridge, trazaron los orígenes genéticos de este cáncer en mutaciones concretas, que se pueden producir décadas antes de que la enfermedad se presente.

Según Nangalia, “los resultados responden a una pregunta que muchas veces nos hacen los pacientes: ¿cuánto tiempo lleva el cáncer creciendo?” En este trabajo se identificó una mutación clave en el cáncer, JAK2V617, entre otras. Los investigadores comprobaron “con sorpresa” que en muchos pacientes la mutación estaba presente en la infancia, en un caso, 50 años antes de que se diagnosticara la enfermedad.

Aunque suele darse por hecho que la mayor parte de los casos de cáncer se diagnostican cuando las células malignas han estado presentes durante varios años, este hallazgo apunta más bien a un proceso gradual que se desarrolla a lo largo de la vida, y en el cual una única célula experimenta una mutación cancerosa y se desarrolla a un ritmo lento, durante décadas, hasta que la enfermedad se presenta, diagnostica y trata.

Los autores de este trabajo sugieren que su método para localizar el origen del cáncer podría aplicarse en otras mutaciones y otros cánceres hematológicos “para detectar y prevenir la enfermedad de forma más eficaz”.

Además, en el marco del encuentro científico se ha puesto de relieve el papel “vital” de los especialistas del campo de la hematología ante la pandemia de Covid-19. “Las personas con enfermedades hematológicas y alteraciones del sistema inmunológico tienen un riesgo elevado de desarrollar la forma grave de Covid-19. Además, muchas quimioterapias, inmunoterapias y trasplantes de médula que se emplean para tratar estas condiciones hacen que los pacientes sean más vulnerables. Toda la comunidad científica ha puesto su conocimiento al servicio de estas personas. Los hematólogos han compartido su conocimiento y los nuevos hallazgos en esta materia no solo con los profesionales de la especialidad, sino con todo el personal que ha estado en primera línea”, ha destacado la organización.

Tres estudios presentados en el congreso han arrojado luz sobre el complejo fenómeno de la infección por Covid-19. En el primero de ellos se ofrece una guía de actuación ante pacientes con cáncer hematológico que están en riesgo de padecer la forma grave de la enfermedad; el segundo detecta variantes genéticas dañinas en pacientes con Covid-19 hospitalizados y el tercero se analiza el poder terapéutico de células inmunológicas obtenidas en la sangre de pacientes ya recuperados.

Alisa Wolberg, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapell Hill, que intervino en una de las sesiones sobre ‘Lo mejor de ASH’, explicaba que este tipo de información ayuda a los clínicos a predecir qué pacientes pueden evolucionar peor, lo cual tiene “enormes implicaciones” en nuestra comprensión de la biología básica de la enfermedad y en cómo clasificar a los pacientes en función de su riesgo para que reciban el tratamiento más eficaz en cada caso. “Nuestro conocimiento colectivo del virus está evolucionando rápidamente, y es de una importancia crucial que sepamos por qué unas personas tienen formas graves de Covid-19 con complicaciones y por qué otras personas no”, indicó durante su intervención en la sesión.

Cuatro investigaciones adicionales fueron clasificadas por la sociedad científica como particularmente importantes por su impacto en los resultados en salud y en el modo de abordar las decisiones sobre tratamiento. Los presentó Lisa Hicks, de la Universidad de Toronto. El primero de ellos analizaba, con buenos resultados, la administración de un anticuerpo monoclonal que se emplea como terapia del mieloma múltiple, llamado daratumumab, en forma de una rápida inyección en lugar de la infusión intravenosa. Este cambio en la administración tiene consecuencias importantes para los pacientes, ya que con la misma eficacia podrían ahorrarse el tiempo de permanecer en el hospital con una vía. El segundo trabajo destacado en este apartado fue un estudio “de desescalada”, el tipo de trabajo de investigación que sirve para evaluar si hay alguna parte del tratamiento que los pacientes puedan ahorrarse sin que por ello se pierda eficacia en la terapia en su conjunto. En este caso, se ha visto que el uso preventivo de ácido tranexámico no es útil en pacientes que reciben tratamiento para cánceres hematológicos, aunque podría seguir siendo eficaz cuando se presenta una hemorragia. El tercer estudio avala el empleo de ruloxitinib en personas que se han sometido a un trasplante de médula. Por último, se ha visto que los pacientes mayores con síndromes mielodisplásicos se benefician del trasplante de progenitores hematopoyéticos, una oportunidad más para el éxito en el tratamiento que antes se reservaba a pacientes jóvenes.