El Consejo de Europa adoptará en enero la estrategia farmacéutica

Por amplia mayoría, el parlamento comunitario aprobó la estrategia que favorecerá la fabricación local de medicamentos, la investigación de terapias en áreas médicas no cubiertas y también la colaboración público privada, donde la inversión tendrá su reflejo en los precios de los tratamientos.

La última semana de noviembre cambió el marco de relación entre la industria farmacéutica y la Unión Europea. El parlamento comunitario aprobó la nueva estrategia por 527 votos a favor, 92 en contra y 70 abstenciones y ahora el texto viajará hasta el Consejo para dar el empujón definitivo. Esto será a partir de enero y dará lugar a una mayor fabricación local de medicamentos que reste la dependencia actual del sudeste asiático, pero también a una colaboración entre la Unión y las compañías para investigar nuevos medicamentos que cubran necesidades médicas y a una desburocratización que acelere la llegada de la innovación.

“La aprobación de esta importante estrategia es el resultado de una intensa búsqueda del acuerdo con los diferentes grupos parlamentarios, con el objetivo de encontrar el consenso necesario para que las políticas farmacéuticas que se proponen puedan hacerse realidad en todos los Estados miembros”, explica Dolors Montserrat, eurodiputada popular ponente de la estrategia. Además, el texto se ha cuidado mucho de respetar las competencias nacionales con el fin de que el Consejo de Europa no tire para atrás el trabajo realizado durante los últimos seis meses.

La estrategia pone el acento en la necesidad de conseguir medicamentos asequibles e innovadores en el menor tiempo posible, “pues es inadmisible que los medicamentos aprobados por la EMA tengan una disponibilidad que oscila entre el 7% y el 90% según el país”. También que el 95% de las 7000 enfermedades raras todavía no tienen ninguna opción de tratamiento. Para conseguirlo, establece la necesidad de fortalecer la colaboración público-privada con la industria farmacéutica, con un sistema de incentivos eficaz y una regulación armonizada centrada en la seguridad. En este punto, la estrategia hace hincapié en la importancia de un sólido marco de protección de los derechos de propiedad intelectual.

Así, la estrategia tiene como objetivo liderar en el mundo la innovación sanitaria y farmacéutica, para lo que propone apoyar a la industria farmacéutica con un marco normativo estable, flexible y ágil, para lo que es necesario reducir la burocracia y alinear los tiempos de los procedimientos entre la Agencia Europea del Medicamento y sus homólogas nacionales.

En este sentido, la estrategia pide apostar por la innovación made in Europe, ya que la pandemia nos ha mostrado la creciente amenaza de escasez de medicamentos esenciales, que por lo general no se producen en Europa debido a su bajo precio. Esto provoca falta de acceso y tensiones en los sistemas nacionales de salud que pueden evitarse estimulando la producción europea.

Además, la estrategia busca promover una mayor contratación pública europea conjunta, como se ha hecho para las vacunas contra el Covid-19, y procedimientos de contratación innovadores que atiendan a criterios como la entrega a tiempo o la seguridad en el suministro.

Asimismo, el informe propone medidas para apoyar una mayor presencia de medicamentos genéricos y biosimilares en el mercado, ya que también contribuyen a la sostenibilidad de los sistemas sanitarios. También reforzar el vínculo con la estrategia industrial de la UE, la estrategia para las pymes y el Espacio Europeo de Datos sobre la Salud en el horizonte cercano.

Otro de los retos que aborda el informe es la lucha contra las resistencias a los antibióticos, que causa la muerte de 33.000 personas en Europa cada año. Para ello, el informe considera imperativo una guía terapéutica común para los antimicrobianos y también campañas de comunicación coordinadas a través de un calendario único, ya que las resistencias a los antibióticos suponen una de las principales amenazas a la salud pública a la que nos enfrentamos.