Josep tabernero, director del Instituto de Oncología Vall d’Hebron (VHIO): “Pública o privada, lo importante es que la salud es un bien que nos pertenece a todos”

Reconocido en la lista ‘Highly Cited Researchers’ como investigador de referencia mundial en el campo del cáncer, Josep Tabernero atribuye el reconocimiento a la calidad del trabajo en equipo. También advierte que los mejores procedimientos y la buena atención a los pacientes siguen siendo el objetivo, siempre.

Josep Tabernero es uno de los científicos españoles cuyo nombre resuena con mayor fuerza en el mundo. Ha presidido la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) y es un experto en la vanguardia de la investigación contra el cáncer. Aboga por pensar en el valor de las cosas de una manera positiva, incluyendo la innovación y el abordaje del envejecimiento. Considera que hay que dedicar más tiempo y recursos a pensar cómo vamos a afrontar los retos del futuro, entre los que incluye el perfeccionamiento de las herramientas de prevención y diagnóstico, además de los tratamientos. Es partidario de evaluar para optimizar los recursos, públicos o privados, y mejorar la atención, porque la salud es un bien de todos.

Hace poco una revista científica publicaba un trabajo suyo sobre sobre acceso global a medicamentos contra el cáncer ¿Se puede hacer un balance entre qué principios siguen siendo válidos para facilitar que más pacientes tengan los tratamientos que necesitan, esenciales e innovadores? ¿Qué ha cambiado -si es que hay algo- dada la actual crisis de salud pública?

Las necesidades son las mismas. En ESMO [la Sociedad Europea de Oncología Clínica, que él ha presidido] hicimos un esfuerzo muy grande para gradar la eficacia de los fármacos atendiendo -entre otras variables- a la calidad de vida, porque las agencias reguladoras estadounidense (FDA) y europea (EMA) se basan en las hipótesis de los ensayos clínicos. En ESMO hemos querido atender al valor de los tratamientos entendido como valor para el paciente y la sociedad.

En algunas ocasiones hay aprobaciones con beneficios marginales, aunque sean estadísticamente significativos, y otras en las cuales el beneficio es sustancial. El procedimiento de aprobación por parte de las agencias es el mismo.

En ESMO, con la escala de magnitud de beneficio clínico hemos querido aportar un instrumento basado en valor, calidad de vida y eficacia, tanto en tumores sólidos como en hematológicos. Es una herramienta para que los pagadores y los sistemas de salud decidan qué priorizan en el reembolso y negocien el precio con las compañías farmacéuticas.

El precio también debería tener en cuenta las diferentes indicaciones de un mismo fármaco. Un medicamento para el cáncer de mama puede tener un beneficio elevado, pero solo marginal en cáncer de páncreas, por poner un ejemplo. Ahora mismo se está pagando al mismo precio, y eso no tiene sentido. Con herramientas como la escala de ESMO se puede evaluar esa variación.

Además, permite considerar otros condicionantes importantes, como que estemos ante una enfermedad minoritaria y no hay otras alternativas para tratarla. La difusión de las escala en otros países está siendo importante. Hemos estado en contacto con reguladores de todo el mundo, muy interesados en el reembolso basado en el valor.

¿Qué circunstancias han hecho que los oncólogos hayan tenido que “ejercer” de economistas? ¿Tendrán que seguir haciéndolo?

Es un fenómeno país-dependiente en función de los sistemas de salud, que pueden ser públicos o privados, pero también es cierto que en todas partes los presupuestos son finitos. Los profesionales de la oncología se comprometen a abordar las cuestiones económicas por sentido de la responsabilidad con sus pacientes.

A mí me gustaría que el porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) que se dedica a sanidad en España fuera más elevado. No obstante, contando con lo que tenemos, hay que priorizar los tratamientos ajustándolos al valor, y ayudar a los sistemas a contar con un reembolso más adecuado de los medicamentos. Es responsabilidad de todos. Dicho esto, el porcentaje del PIB dedicado a sanidad en España es uno de los más bajos de Europa.

La previsión de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) es de un incremento del 60% en la incidencia del cáncer en dos décadas ¿Qué van a necesitar los pacientes? ¿Estamos equipados para proporcionárselo?

Estamos en el proceso de establecer un diálogo con las administraciones sobre las necesidades que van a presentarse en el futuro. Está aumentando la incidencia del cáncer, pero la mortalidad no deja de bajar. Hay que invertir recursos en prevención y diagnóstico precoz, dos áreas en las que no hemos hecho todo lo que deberíamos.

Si somos más rigurosos en las indicaciones terapéuticas y en cómo las pagamos, podremos dedicar más recursos a prevención, diagnóstico precoz y también a innovación. Es de sentido común evaluar de forma continua el valor que aportan las cosas.

Está la promoción de los hábitos saludables, sobre todo, pero también hay que pensar en las necesidades que se presentarán con los nuevos pacientes diagnosticados: cirugías, hospitales de día oncológicos, involucrar más a los servicios de Atención Primaria y radiología, entre otros.

¿Qué opina de los datos presentados en ASCO sobre la capacidad de la atención por videoconferencia a pacientes con cáncer para reducir la ansiedad de los cuidadores?

Las consultas por videoconferencia son un buen recurso. Efectivamente, es una de las estrategias de las que se ha hablado en el congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO).

No hay que olvidar a los pacientes que no tienen esos recursos o no están familiarizados con ellos, que pueden también ser atendidos con una llamada telefónica. Son modos de acercarnos que reducen enormemente la ansiedad. La cuestión es que las llamadas consumen una enorme cantidad de tiempo y habrá que organizarlo. En nuestra experiencia, cuando es posible, y sin sobreutilizarlo, es un recurso muy útil.

Habría que invertir en la verdadera telemedicina, con acceso a la historia clínica. Algo aparentemente sencillo, como poner cámaras a los ordenadores del hospital, es un esfuerzo, y el acceso telefónico mejora cuando se dispone de un terminal bien equipado, un ordenador más potente, programas más complejos. Hay que invertir en tecnología para que esta práctica que ha llegado se quede y se use de la mejor manera.

¿Y sobre los beneficios de dejar el tabaco, aunque sea justo después del diagnóstico de cáncer de pulmón?

El estudio sobre tabaco es notable y tiene el valor de que se ha presentado este año, pero hay otros trabajos que ya nos mostraban que ante un tumor de cabeza y cuello la eficacia de los tratamientos aumenta cuando se deja de fumar. Cuanto antes mejor, naturalmente, pero dejar el tabaco es bueno en cualquier momento.

En una reciente reunión de expertos, una portavoz (oncóloga de profesión) de la FDA (la agencia estadounidense del medicamento) decía que la necesidad de ensayos clínicos en oncología en situaciones de urgencia y falta de terapias, como los ensayos de terapias para oncología pediátrica, ha sido una fuente de inspiración para agilizar los estudios de tratamientos para Covid-19 ¿Está de acuerdo? ¿Cuáles son las particularidades de esos estudios?

En el campo de la oncología nos hemos enfrentado a enfermedades minoritarias o poco frecuentes y nos hemos especializado en ser particularmente eficientes en los ensayos clínicos, como los estudios adaptativos, que van cambiando de manera continuada para optimizar los recursos y reducir el número de pacientes que se tratan con terapias poco efectivas.

Cuando se trata de Covid-19 es muy importante aunar esfuerzos y hacer meta-análisis, así como aportar datos. Las revistas científicas están publicando datos sin la revisión independiente porque ahora lo importante no es el proceso de revisión, que de todas formas se llevará a cabo. Es una publicación inmediata que se completa con la revisión por parte de expertos independientes (’peer-review’, como se conoce en la jerga médica). Algunos quizá se retractarán, pero la urgencia ha sido tal que con buen criterio se redujo el rigor para publicar.

En cuanto a la pandemia de Covid-19 ¿Qué hemos hecho mal -aquí caben autoridades, agencias reguladoras, población y comunidad científica-?

Centrándonos en España y en los pacientes con cáncer: Para la atención a personas ya diagnosticadas se han elaborado planes de contingencia muy bien pensados y la atención ha sido buena. Se han interrumpido algunos tratamientos, pero se han mantenido los que eran necesarios.

Hemos compartido experiencias en muchos foros de oncología internacionales, con recomendaciones para actuar durante el pico de la pandemia. Ahora bien, para personas no diagnosticadas o pendientes de cirugías hay un retraso. Ahora se están duplicando las horas en qurófanos para intentar recuperar la situación anterior, quizá en dos meses. Como sabemos, ha habido semanas de escenarios dantescos, con pacientes que sólo acudían al hospital si no quedaba otro remedio.

¿Qué hemos hecho bien? ¿Hemos aprendido? ¿Qué no podemos permitirnos hacer mal otra vez?

El distanciamiento físico, no me gusta decir social, no siempre se está cumpliendo. Se están emitiendo recomendaciones sobre la necesidad de llevar mascarilla y luego nos encontramos a gente congregada para hacer botellones. También hay una disparidad entre quienes sin ser expertos (a veces tertulianos, a veces políticos) hablan en los medios de comunicación con toda la contundencia del mundo mientras que los científicos son mucho más cautos. Desde la gripe de 1918 no pasaba algo parecido, y no se pueden establecer comparaciones. Entonces no había agencias de salud pública.

Creo que podríamos haber cerrado el país un par de semanas antes, pero son decisiones que no son fáciles. El mismo error o la misma situación se ha producido en otros países, como Francia y Reino Unido, que se han enfrentado a picos de pandemia después de que sucediera en España. Podíamos haberlo hecho mejor, pero lo que hay que hacer ahora es lo que me interesa.

La situación puede durar unos años, con necesidad de ese distanciamiento físico, y va a ser necesaria mucha educación sobre medidas como el lavado de manos. Conciliando estas medidas con una actividad social lo más amplia posible. Se pueden hacer muchas cosas con la educación sanitaria necesaria.

¿Qué opina de la respuesta de las agencias reguladoras?

Las agencias reguladoras han respondido muy bien, llevando medicamentos a los pacientes cuando ha sido posible, articulando una respuesta ultrarrápida con los comités de ética para agilizar los ensayos clínicos. Ha habido estudios que se han aprobado en solo cinco días. Hay que agradecerlo aunque haya aspectos que todavía se puedan mejorar. Muchos profesionales de diferentes ámbitos lo han dado todo. Ahora hay que evaluar qué podemos hacer mejor, y no se trata de política sino de basarse en criterios técnicos.