Cotizar por ingresos reales sube en 378 euros la pensión del autónomo

La reforma del régimen especial de la Seguridad Social para trabajadores por cuenta propia prevé que estos coticen por lo realmente facturado y no por estimaciones, lo cual elevará sus cuotas, en promedio, en 145 euros, gracias a lo cual percibirán pagas mayores tras la jubilación.

Exclusivamente en la lógica del actual sistema público de pensiones, cotizar por los denominados ingresos reales tiene recompensa futura para los autónomos, aunque supone un importante esfuerzo presente, dados los niveles de facturación y los problemas estructurales que arrastran decenas de miles de trabajadores por cuenta propia con facturación volátil. Instaurar un sistema de cotización por ingresos reales supone pagar 144,49 euros más al mes a la Seguridad Social, pero a cambio de una pensión futura 377,92 euros más elevada.

La propuesta de modificar el sistema de cotización de los trabajadores autónomos, sustituyéndolo del actual modelo libre con una base mínima y máxima de cotización por un modelo basado en los ingresos netos (mal llamados reales), tiene efectos importantes sobre los más de 3 millones de personas que pertenecen a este régimen de la Seguridad Social, de los cuales una mayoría tendrá que cotizar más, mientras que para una minoría incluso supondría cotizar menos.

Justificaciones para el nuevo modelo

¿Es razonable este cambio? Los estudios señalan las disfunciones actuales que existen en el sistema público de reparto entre los trabajadores del Régimen General de la Seguridad Social, sujetos a unas normas estrictas de cotización en función de su salario, frente a los trabajadores del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), los cuales han gozado durante años de unas condiciones favorables de elección de cuánto cotizaban al sistema público y cuánto a mecanismos privados como planes de pensiones y otros instrumentos de ahorro a largo plazo.

Dada esta situación, sobre el papel y dentro de la lógica del sistema público, en primer lugar, tiene sentido hacer equivalente el esfuerzo de ambos tipos de trabajadores, si bien reconociendo las debilidades de ambos, especialmente en el caso de los autónomos que se ven afectados por una mayor volatilidad en los ingresos mensuales.

En segundo lugar, supone una entrada relevante de recursos para la caja común del sistema público de pensiones.

Y, en tercer lugar, puede limitar a medio plazo la adopción de medidas extraordinarias para subir más que proporcionalmente las pensiones más bajas, de las cuales una parte relevante son del colectivo de autónomos.

Sin embargo, en el fondo no es una reforma que haga sostenible el sistema público de reparto, ya que los actuales autónomos más cercanos a la edad de jubilación se beneficiarán de un incremento más que proporcional en sus pensiones futuras, con lo cual, lo que a corto plazo es una entrada de recursos al sistema se convierte fácilmente no de forma síncrona (hay un decalaje temporal hasta que el trabajador por cuenta propia que pasará a pagar más se jubile) a medio plazo en una salida de recursos que agrava el déficit estructural.

Pero las mayores dificultades las tendrán los cotizantes que, en momentos como éste de fuerte crisis económica, han visto cómo se reduce notablemente su facturación (incluso hasta el 100% si su actividad se sitúa en sectores productivos a los que se les ha prohibido trabajar por las restricciones sanitarias derivadas de la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2) y, sin embargo, siguen teniendo que cotizar como mínimo 288,89 euros al mes.

Escenarios del cambio normativo

¿Cuál es el escenario que se dibuja para este cambio normativo? En primer lugar, definimos un escenario central, donde tomamos como referencia de ingresos reales medios la cuantía de 1.416,60 euros, que es 1,5 veces la base mínima de cotización actual. Ésta es la medida estadísticamente más precisa, tal como señalan los últimos datos publicados tanto por la Tesorería General de la Seguridad Social como por la Agencia Tributaria. Partiendo de este umbral de referencia, observamos que el número de autónomos que cotiza por debajo de 1,5 veces es 2.915.976 personas al cierre del año 2020. Éste es el público objetivo de esta reforma, si bien aparecería un efecto inesperado sobre los autónomos que se encontraban antes de la crisis por encima de esta referencia.

En segundo lugar, determinamos cuál sería el cambio de la base de cotización y, en consecuencia, la cantidad cotizada al mes. En este sentido, la cuota de autónomos mensual si cotiza por ingresos reales pasaría de 288,99 euros actual a 433,48 euros, lo cual supone un incremento de recaudación por cuotas para la Seguridad Social de 5.055,95 millones de euros. En resumidas cuentas: el autónomo en este tramo tiene que cotizar 144,49 euros más al mes, 1.733,88 euros más al año.

En tercer lugar, este esfuerzo presente tiene, a las circunstancias actuales del sistema de reparto, una recompensa futura notable. Aplicando una tasa de reemplazo del 80%, le quedaría a futuro una pensión media al autónomo que cotiza por 1,5 veces la base mínima de 1.133,44 euros, mientras que antes tenía una pensión media de 755,52 euros. Con lo cual, experimentarían una mejora de 377,92 euros al mes. Automáticamente, se situaría al nivel de los trabajadores del Régimen General.

Por último, esta nueva situación, siendo observada por una buena parte de los 355.767 autónomos que cotizan más de 1,5 veces la base mínima (por 2 veces base mínima pagan 577,97 euros mensuales y el que cotiza por 3 veces base mínima paga 866,96 euros) y su facturación real ha caído sustancialmente con motivo de la crisis, les generaría incentivos para reducir su cotización, ya que estarían sobrecotizando por sus bases actuales, descorrelacionadas de su actividad económica.

Si estos 355.767 autónomos pasaran a cotizar por sus ingresos reales, y suponemos que sus ingresos reales han caído hasta la media (1.416,60 euros), la medida restaría 1.413,55 millones de euros de recaudación por cotizaciones. Lógicamente este supuesto es muy restrictivo, ya que si fuera cierto sería una grave crisis para todos los autónomos.

En definitiva, la medida mejoraría la pensión pública futura de los autónomos, pero ¿esto es un buen negocio para los autónomos?

Ahora mismo, un autónomo por cada euro cotizado le está sacando la máxima rentabilidad futura al sistema, porque cotiza poco, pero a cambio recibe una pensión que, aunque sea pequeña, siempre está en los planes de los Gobiernos subirla de manera más que proporcional que el resto.

El otro elemento final, pero no menos importante, es el momento económico, social y político. En un sistema como el de la Seguridad Social, sumido en una profunda crisis, y habida cuenta del tamaño del agujero que va a dejar haber cargado sobre sus espaldas una buena parte de las medidas extraordinarias de soporte al tejido empresarial, puede no ser el mejor momento para obligar a hacer un esfuerzo a los autónomos que, o bien tendrán que ahorrar aún más por otro lado, o bien muchos de ellos se verán obligados a salir del sistema, fomentando la economía sumergida.

Las barreras a la entrada para trabajar se incrementan para aquéllos que deciden hacer carrera por su cuenta y riesgo, igual que ocurre con los jóvenes con el salario mínimo interprofesional (SMI).