Ahorramos poco, tarde y mal

El año 2020 termina con un rotundo suspenso de los españoles en ahorro. Es cierto que con la crisis del coronavirus, el confinamiento, los expedientes de regulación de empleo, los cierres perimetrales..., la actividad ha caído, el consumo se ha desplomado y los españoles -por falta de ocio, y por miedo a la crisis- hemos metido algún que otro euro de más a la hucha. Ahorramos más en 2019, pero no ahorramos mejor. ¿Qué pasa? Lo de siempre, poco ha cambiado el diagnóstico de este año Covid a años anteriores.

Lo explica muy bien Eustaquio Arrimadas, director comercial en Santalucía Asset Management. Recientemente su casa celebraba la Semana del Ahorro y contaba que los españoles ahorramos más pensando en los “por si acaso” que en los “para qués” ¡Y qué razón tiene! Los españoles colocamos alrededor del 40% de nuestro ahorro financiero en depósitos pensando que lo prioritario es la liquidez por si pasa algo: un imprevisto en casa, renovar el coche, que el hijo mayor decida irse a estudiar fuera, que le admitan en una universidad privada... Buscando sobre todo esa liquidez elegimos un producto -el depósito bancario- que sí o sí te garantiza que vas a perder poder adquisitivo frente a la inflación. Mientras que pensamos en esos “por si acaso” nos olvidamos de lo importante: los objetivos de ahorro. La jubilación, el apartamento en la playa, los estudios del hijo mayor... Me explicaba Eustaquio Arrimadas, que “lo ideal es diversificar el vehículo de ahorro: para invertir, utiliza un fondo de inversión o un plan de pensiones o la compra directa de acciones; para los imprevistos utiliza los seguros·

Es clave saber qué productos te ofrece el mercado y conocer muy bien sus características: liquidez, límite de aportaciones, desgravación fiscal, rentabilidad esperada, nivel de riesgo, y a ello sumarle la necesidad de ahorrar de forma periódica y empezar cuanto antes. ¡Nada que ver, por la magia de interés compuesto, el patrimonio amasado si uno empieza a los 30, a los 40 o a los 50 años! No hay tiempo que perder y hay que entender el ahorro no como un castigo, no como algo doloroso y sí como un acto de inteligencia financiera, de previsión para disfrutar de una vida mejor en el futuro.

Sé que queda mucho aún por hacer y evangelizar en esto del ahorro, pero quizás esta crisis del coronavirus nos ha hecho ser conscientes de que somos vulnerables y eso quizás, ¡ojalá!, nos empuje a ahorrar más y a ahorrar mejor. El camino, cuanto antes lo tomemos, mejor.