Simplemente, dejen de leer las noticias

Están cansados de ser bombardeados con el último número de infectados de Covid-19 en España? ¿O con el constante circo político en el que nunca se avanza nada? ¿O quizás cuando contemplamos horrorizados cómo en un lejano país asiático un tifón se ha cobrado innumerables vidas? ¿Y qué decir de las omnipresentes fake news? Estos problemas, a diferencia de muchos otros, tienen una fácil solución: simplemente, dejen de leer las noticias.

Eso es al menos lo que argumenta el escritor suizo Rolf Dobelli, que saltó a la fama en 2011 por la publicación de The Art of Thinking Clearly, un libro con éxito internacional en el que describía los (¡99!) sesgos del intelecto humano. En su último libro, publicado en 2020, de corta extensión y titulado Stop Reading the News, Dobelli saca su lado más polémico y discute un tema de rabiosa actualidad (más aún desde la pandemia y los consiguientes confinamientos), argumentando que el consumo diario de noticias se ha convertido en una de las plagas modernas. El libro es el resultado de una conferencia que dio en 2013 ante, ni más ni menos, una atónita audiencia de periodistas del rotativo británico The Guardian.

Las noticias son, en comparación a los libros, un formato de información reciente, de unos 350 años de historia, gracias a la invención de la imprenta. Los primeros periódicos empezaron a circular a principios del siglo diecisiete. El primer periódico se creó en Estrasburgo, en aquel entonces ciudad alemana, en 1605. Para 1640 ya había nueve periódicos en Holanda. Y en 1650 apareció la primera publicación diaria en Leipzig. La digitalización de la sociedad de las últimas décadas obviamente ha cambiado mucho el formato (y cantidad) de las noticias que consumimos. Y de acuerdo con Dobelli, para peor.

Dobelli predica con el ejemplo, y empieza contando cómo él mismo, que solía devorar noticias (consumo que, al igual que todos, aumentó en la era digital), ya no lee noticias desde el 2010. Aunque Dobelli aboga por un consumo limitado o nulo de noticias, según él hay algunas peores que otras. A este respecto, las noticias en formato digital, en vídeo, aquellas a las que se llega de manera aleatoria vagando por la red, las que tienen hipervínculos, las que vienen de fuentes dudosas o sensacionalistas, o las que hablan de temas generales y que no entran dentro de nuestro “círculo de competencia” (expresión que toma prestada de Warren Buffett), son las peores. Por otra parte, los artículos de investigación sobre un tema particular, ensayos largos, noticias provenientes de un medio muy especializado o artículos de nuestro círculo de competencia no son tan perjudiciales.

¿En qué sentido son perjudiciales las noticias? Dobelli argumenta varios puntos, que no podemos resumir aquí, pero que básicamente se agrupan en tres: pérdida de tiempo, impacto sobre nuestro cerebro y efectos colaterales sobre la sociedad (tales como las fake news, la promoción al terrorismo o el enaltecimiento de fama individual que no va unida a ningún logro particular). Probablemente, la primera sea la más importante, ya que de media leemos entre 58 y 96 minutos de noticias al día (el tiempo guarda relación con el nivel de educación), unas 60 piezas, que equivalen al año a unas 22.000. Sin embargo, no recordamos la mayoría de ellas ni siquiera pasados unos días. Suponiendo que gastemos 90 minutos al día, el ahorro sería de una jornada de trabajo a la semana, lo que en un año se traduce en un ahorro de unos 23 días.

Respecto al segundo aspecto, el impacto es doble. En primer lugar, las noticias reducen nuestra capacidad de concentración y atención, hechos que se están empezando a entender gracias a la ciencia de la neuroplasticidad. Y, en segundo lugar, la mayoría de las noticias nos informan de sucesos sobre los que no podemos influir ni tomar ninguna decisión, aumentando nuestra apatía en general (lo que médicamente se conoce como indefensión aprendida) y fomentando la anhedonia.

¿Qué nos depara el futuro de las noticias? Dobelli esboza cuatro grandes tendencias. Primera, habrá más cantidad de noticias para ingerir, ya que habrá más gente en el planeta y, por lo tanto, más sucesos a reportar. Segunda, tendremos noticias siempre a nuestro alrededor a todas horas, a diferencia de antes, cuando había ventanas durante el día (o la semana) en las que no había noticias. Tercera, los algoritmos nos entenderán cada vez mejor, ofreciéndonos contenidos con los que estemos muy enganchados. Y finalmente, las noticias se despegarán inexorablemente de la realidad: Dobelli cree que las fake news serán más atractivas para mucha gente que las noticias de verdad.

En definitiva, en la sociedad digital en la que nos toca vivir es más importante que nunca vigilar la calidad y cantidad de información con la que alimentamos a nuestros cerebros.