Cristina Sánchez, directora ejecutiva de la Red Española del Pacto Mundial: “Las memorias de sostenibilidad aún ‘cojean’ en lo relativo a la lucha contra la corrupción”

Como directora ejecutiva de la Red Española del Pacto Mundial, Cristina Sánchez conoce bien los problemas a los que se enfrentan las empresas del país a la hora de medir y reportar los aspectos extrafinancieros. Los informes de sostenibilidad son obligatorios desde hace menos de dos años.

Un informe de la Red Española del Pacto Mundial, que Cristina Sánchez dirige, apunta que se necesitan entre 5 y 7 billones de dólares anuales para financiar la Agenda 2030, y que se movilizan tres. En el mundo de la sostenibilidad, las iniciativas y denominaciones parecen infinitas, y Sánchez nos ayuda a desentrañar algunas. La Agenda 2030 es la hoja de ruta de Naciones Unidas para alcanzar, en 2030, los famosos ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), que incluyen medidas contra el cambio climático o a favor de la igualdad de género, entre otras. Y el Pacto Mundial, que también cuelga de la ONU, es una iniciativa a la que las empresas se unen voluntariamente para implementar dicha Agenda en el sector privado.

¿Cuál es la misión del Pacto Mundial?

Se trata de una iniciativa voluntaria de la que forman parte 1.600 empresas en España, las del Ibex, y también pymes y micropymes. Nuestra misión es ayudarlas a implantar la sostenibilidad con formación y herramientas de gestión. El reporting extrafinanciero es muy importante, ya que muchos inversores toman decisiones basándose en los datos que reflejan las memorias de sostenibilidad, que cada vez son más complejas.

Pero las empresas del Ibex ya cuentan con asesores para estas cuestiones; ¿su trabajo se dirige principalmente a pymes?

Obviamente, una empresa del Ibex no necesita lo mismo que una micropyme. Inditex, por ejemplo, cuenta con departamentos dedicados únicamente a identificar riesgos en sus cadenas de suministro. A compañías como esta, formar parte del Pacto Mundial les permite acceder a grupos de trabajo que están en la vanguardia de la sostenibilidad.

¿Qué aspectos extrafinancieros son los más fáciles y cuáles más difíciles de medir?

Los medioambientales son los más sencillos de reportar, ya que en gran medida se trata de emisiones, algo cuantitativo. También es fácil informar de cuáles son las ratios de género en plantilla y los salarios. Pero ¿cómo medimos la satisfacción del empleado? ¿Y cómo demostramos que mayor satisfacción se traduce en mayor retención de talento? Se están desarrollando nuevos indicadores, pero es complejo.

A ello ayudaría, imagino, la existencia de una taxonomía para las cuestiones sociales. La Comisión Europea ha sacado adelante su taxonomía ‘verde’, ¿tiene idea de cuándo contaremos con una social?

Por lo visto, a finales de 2021 se empezará a trabajar en ella. Dudo que antes de 2023 o 2024 la comunidad internacional se ponga de acuerdo en esta taxonomía.

¿En qué ‘cojean’ las memorias de sostenibilidad de las empresas españolas, que son obligatorias desde hace menos de dos años?

Quizá en el área de transparencia y de lucha contra la corrupción. No comunican [suficientes] datos. Y luego está el área de derechos humanos, vinculados con el bienestar del empleado en el día a día de la empresa. Queda mucho margen de mejora.

Esas exigencias de información no financiera ¿son un gran reto para las empresas?

¡Desde luego! Hay grandes cotizadas que tienen a dos o tres personas trabajando todo el año en ello, recopilando toda esa información, o que han invertido mucho dinero en sistemas para almacenarla. También está el reto de convencer a los consejeros delegados de que esto realmente tiene un retorno. El problema con la Directiva de información no financiera europea es sobre todo con las empresas pequeñas, pero también hay empresas grandes que no estaban trabajando la sostenibilidad y a las que de pronto les ha caído una ley que les pide indicadores que ni conocen ni han utilizado antes.

La empresa española, ¿está peor que sus ‘vecinas’ europeas en sostenibilidad?

No está por detrás de las de Francia, Alemania, Reino Unido o Italia. No tiene mucho que envidiarles. En América Latina es distinto, la presión del regulador es menor.

Según un informe reciente del Pacto Mundial, se deberían movilizar entre 2 y 4 billones de dólares más cada año para financiar la Agenda 2030. ¿Es probable entonces que no se alcancen esos objetivos?

Por supuesto que no se van a alcanzar. Por ejemplo, en lo relativo al cambio climático los expertos alertan de que no se van a cumplir los objetivos en cuanto a emisiones. Pero si no somos ambiciosos, no avanzaremos.