La gran demanda de fondos pasivos sostenibles procederá de EEUU

Europa domina por ahora el mercado de los indexados ‘responsables’, pero gigantes estadounidenses como BlackRock ya han puesto el foco en la inversión ASG

En 2020, los índices bursátiles sostenibles baten a los tradicionales, especialmente en Europa. Mientras el MSCI Europe se deja en torno a un 19% en el año (con datos a 29 de octubre), su versión verde, el MSCI Europe ESG Leaders Index, también cae pero mucho menos, cerca de un 11%. También lo hacen mejor, aunque con diferencias mucho más tenues, las versiones responsables del MSCI World y del S&P 500. A éstos y a otros índices sostenibles están referenciados varios centenares de fondos que este año han atraído al inversor como nunca lo habían hecho.

El Viejo Continente domina, al menos por ahora, el mercado de la inversión pasiva ASG (la que aplica criterios ambientales, sociales y de buen gobierno). Más de la mitad de los fondos sostenibles gestionados de forma pasiva están domiciliados en la región, según el informe Passive Sustainable Funds: The Global Landscape 2020, elaborado por Morningstar. ¿Qué países generan actualmente la mayor demanda de productos sostenibles pasivos? Según Kenneth Lamont, analista senior de fondos pasivos de Morningstar, “es difícil saber exactamente de dónde vienen los flujos, porque los fondos están domiciliados en Irlanda y Luxemburgo”, y desde allí reciben dinero de toda Europa. Hay, eso sí lo aclara, “mucho dinero institucional procedente de Francia y del norte de Europa: los países nórdicos y Holanda son grandes inversores institucionales en ASG”.

Estados Unidos, por su parte, ha sido durante años más reacio a entrar en el campo de la inversión responsable, pero eso está cambiando: gigantes de la gestión pasiva como BlackRock ya han colocado públicamente la sostenibilidad como un objetivo clave. La cuota de EEUU en los fondos pasivos sostenibles ha aumentado del 13% al 20% en los últimos tres años. Los activos bajo gestión en este tipo de estrategias se han multiplicado por 2,3 veces en Europa en tres años, un dato llamativo, pero en EEUU se han cuaduplicado. Y el mercado estadounidense seguirá creciendo, según los expertos. En opinión de Kenneth Lamont, “probablemente, a futuro, la mayor parte de la demanda de ETF sostenibles venga de Estados Unidos, que es el mayor mercado global de fondos cotizados”.

En manos activas

Pese al crecimiento que está experimentado el universo de fondos pasivos ASG, lo cierto es que la sostenibilidad sigue estando fundamentalmente en manos de gestores activos. A nivel mundial, los fondos sostenibles pasivos representan solo el 12% del universo de fondos sostenibles (en los productos tradicionales, el porcentaje es del 24%). Según Sara Silano, editora jefe de Morningstar Italia y especialista en inversiones ASG, esto implica un gran potencial de crecimiento para estos productos.

En España, el porcentaje es aún menor: de los 553 fondos sostenibles a la venta en este país, en euros, solo un 5,4% (unos 30 productos) son considerados como indexados por Morningstar. Por otro lado, si echamos un vistazo a las rentabilidades, esos 30 indexados se dejan, de media, un 0,5% en 2020, mientras que el 94,6% restante de productos –los no indexados– sube, de media, un 2,4% (con datos de Morningstar hasta el 16 de octubre).

Esas pérdidas en los fondos pegados a índices resultan difíciles de entender si se tiene en cuenta que los principales selectivos ASG suben un 3,6% (en el caso del MSCI World ESG Leaders Index) y un 3,1% (el Dow Jones Sustainability World Composite Index) en ese mismo periodo. Sí que cae, como se señaló al inicio de este reportaje, el MSCI Europe ESG Leaders, que cae un 4% (ver gráfico en página anterior).

La gran ventaja de la gestión pasiva está clara: su coste. Lo resume Alex Bryan, director de estrategias pasivas en Morningstar Research: “Las comisiones son uno de los mejores indicadores de rentabilidad. Cuanto menos pagas, mejor retorno obtienes”, sintetiza. Pero también destaca los puntos débiles de la gestión pasiva. “Hay más de 500 indexados sostenibles a nivel global”, explica, lo que hace difícil elegir en este universo. Bryan también pone de relieve la falta de estandarización para los datos ASG: “No es fácil comparar manzanas con manzanas cuando hablamos de ASG; diferentes proveedores de rating de sostenibilidad a menudo llegan a conclusiones distintas en relación con una misma compañía, porque ponderan de forma distina cada criterio”, explica. Mientras que los gestores activos son mucho más “flexibles” para adaptarse a las circunstancias, y pueden adoptar un fuerte engagement (compromiso) para llevar a las compañías hacia la dirección correcta”, añade.

En ese otro lado, el de la gestión activa, se encuentran firmas como, por ejemplo, Candriam o Amundi, y boutiques como La Financière de l’Échiquier (firma francesa de stock picking o selección de valores, la antítesis de la gestión pasiva).

Desde Candriam, David Czupryna, responsable de Desarrollo ASG, explicaba, en una entrevista a elEconomista a finales de 2019, que los índices sostenibles “son necesarios porque orientan a los inversores, pero la gestión activa va más allá”. Un índice, señalaba, “se elabora con datos cuantitativos; unos se fijan en un solo factor, como puede ser el nivel de emisiones, mientras que otros combinan un centenar de datos. Pero no pueden medir, por ejemplo, el grado de compromiso de una empresa. La ASG es mucho más que cifras”, resumía. Por su parte, Mathias Blandin, responsable para Iberia de LFDE, afirma que “la inversión responsable no tiene una sola forma de ser. Muchas gestoras están desarrollando su propia filosofía al gestionar la ISR y obteniendo buenos resultados con ello; esa es una de las principales ventajas de la gestión activa”.