Las renovables, sol de cara y viento de cola

La necesidad de reducir la dependencia de las fuentes de energía rusas lo antes posible, ha obligado a Europa a pisar el acelerador para lograr la ansiada desconexión y evitar que el régimen de Vladímir Putin siga empleando el petróleo y el gas como arma política. Para ello, la Unión Europea ha diseñado un nuevo macro plan (Repower EU) que prevé movilizar 300.000 millones de euros y que supone la confirmación de la hoja de ruta de Europa hacia las energías renovables.

Sin embargo, como suele ser habitual en la arena política, el deseo y la practicidad no siempre van de la mano. La última ronda de sanciones a Rusia con el embargo del petróleo en el centro, ha dejado una incógnita por resolver: ¿Y el gas para cuándo? A corto plazo, la situación se complica con la segunda fuente de financiación del Kremlin, sobre todo por cuestiones logísticas y de almacenamiento. A estas alturas, nadie duda de que dicho embargo desencadenaría un efecto dominó que provocaría una recesión en bloque sin precedentes. Una factura económica y política que ningún miembro comunitario está dispuesto a asumir. Sirva como ejemplo que, desde el inicio del conflicto, solo Alemania ha pagado a Moscú 12.000 millones de euros en facturas energéticas, según se desprende de un informe reciente elaborado por el Centro para la Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA).

Desde Austral Venture Gestión, gestora especializada en energías renovables, creemos que las renovables son la mejor opción para rebajar la factura eléctrica y liberar a Europa de los vaivenes del mercado eléctrico internacional. Los principales compromisos que contempla este nuevo plan en bloque son reducir las compras en dos tercios en 2022 y lograr la independencia energética en 2030. ¿Cómo? Diversificando las fuentes de suministro y proveedores de gas natural licuado (GNL), incrementando la capacidad instalada de las energías renovables, reforzando las interconexiones energéticas, promoviendo las compras conjuntas, apostando por la inversión en infraestructuras eléctricas y almacenamiento, incrementando la eficiencia energética y la producción e importación de hidrógeno “verde”, el autoconsumo o la movilidad sostenible.

Una de las principales ventajas para los operadores de renovables, es el cambio de enfoque. Pasamos de unas energías que, siendo ya rentables, había que promocionar por compromisos medioambientales, pero que parecía como algo impuesto u obligado, a considerar a las renovables, lo que siempre hemos defendido algunos, una oportunidad. Es una oportunidad para ganar independencia, pero incluso como dice la propia Comisión, para mejorar sensiblemente, en más de 100.000 millones anuales, las cuentas del comercio de la Unión. Esta crisis ha sido un revulsivo para este cambio de enfoque que entendemos muy positivo. Porque, como se diría en Andalucía, es igual pero no es lo mismo. Es más positivo, entendemos, el cambio de actitud que los incrementos en objetivos, que no son especialmente ambiciosos.

A la vista de todo lo anterior, somos conscientes de que ir un paso más allá será una tarea compleja, ya que las medidas requieren de la coordinación de muchos estamentos nacionales y europeos para agilizar su tramitación. A pesar de la volatilidad y la incertidumbre a corto plazo, España tiene por delante una oportunidad única: liderar la producción de energías limpias en Europa en un momento clave para el sector. Según Bruselas, la energía eólica y la solar están llamadas a desempeñar un papel fundamental para lograr la independencia energética. Siempre y cuando, eso sí, España debe ser capaz de abordar una profunda transformación. Todo ello no solo ayudaría a lograr la ansiada autonomía energética, sino que además apuntalaría la economía española atrayendo el interés de la comunidad inversora internacional. La solución pasa por reducir las barreras administrativas y otros retos exógenos como la inflación, las tensiones en la cadena de suministro o la excesiva dependencia de países como China.

La mayor dificultad que presentan las renovables es su escasa disponibilidad y los problemas administrativos. El sistema no puede pivotar exclusivamente sobre ellas hasta que no consigamos una forma eficiente de almacenar la energía para su consumo posterior. Por eso, la actuación pública debe ir encaminada precisamente a facilitar soluciones a ese problema. La más obvia, aprovechar que se va a interconectar la red de gas peninsular con la europea y hacer lo propio con la electricidad (acabando con la llamada isla energética). La fórmula más económica, sencilla y eficiente es que España cambie renovable a Francia por nuclear y esta nos aporte la estabilidad que no obtengamos del sistema propio. Sobre ambas cuestiones se pronuncia el plan europeo.

En la primera cuestión, la Unión prevé precisamente la mejora de las redes transeuropeas, si bien haciendo especial hincapié en el gas. Habrá que ver, y esperemos así sea, se aproveche para usar esas redes no solo para el gas, sino también para el hidrógeno. En relación a las trabas, no solo se prevé su remoción, sino incluso que la legislación sea proactiva estableciendo obligaciones. Habrá que ver en qué queda la simplificación administrativa y lo que tarda en trasponerse a la legislación inmediatamente aplicable. En España, ha habido alguna experiencia, a nivel estatal y autonómico, con relativo éxito. Destacable, el caso andaluz, que ha mejorado las tramitaciones sensiblemente. En sentido contrario el valenciano que ha supuesto un parón considerable.

Muy positivo que se pretenda usar zonas específicas y la cartografía digital, que servirá para reducir la inseguridad jurídica que actualmente padecen muchos proyectos de envergadura. Dentro de las medidas legales, impulsar la obligación de energía solar en tejados y los vehículos eléctricos también pueden incidir enormemente en el desarrollo de las energías renovables, especialmente esto último, en cuanto permitirá mejorar la estabilidad del mercado por el efecto de almacenamiento de los vehículos. Igualmente, el hecho de fomentar y marcar objetivos de hidrógeno verde, también tendrá un efecto revulsivo en el sector solar y renovable por permitir una mayor estabilidad y garantía de ingresos.

Aun así quedan muchas cuestiones como hemos reseñado. Lo que no se puede discutir ya es que el mundo ha cambiado. Estamos a las puertas de una nueva era energética. Nadie dijo que el camino sería fácil. Pero ahora, al menos, las renovables tienen el sol de cara y el viento de cola.