Un sector ante un cambio de modelo histórico

La transición energética se está acelerando. El balance del último año deja luces y sombras en un sector convulso, con la sensación de que los cambios van a ser cada vez más drásticos y acelerados, lo cual deja dosis por igual de optimismo e incertidumbre. Las subastas de renovables, la Ley de Cambio Climático, el borrador del nuevo mercado de capacidad, el fondo de sostenibilidad del sector eléctrico, las hojas de ruta del hidrógeno, almacenamiento y el biogás, el anteproyecto de ley del dividendo del CO2, los Fondos Europeos, la actualización de la directiva de emisiones. En los últimos meses, hemos vivido hitos encaminados a acelerar un cambio en el modelo energético. El sector vive un profundo proceso de transformación en las dos últimas décadas, tanto tecnológica como de modelo de mercado. Si bien esta transformación nada tiene que ver con lo que nos espera. Desde un punto de vista tecnológico, la entrada masiva de renovables “tradicionales” vendrá acompañada por una aceleración del almacenamiento y el hidrógeno como tecnologías clave para permitir la descarbonización de la economía, con seguridad de suministro y un coste aceptable para el consumidor.

Desde un punto de vista económico, el objetivo de convergencia hacia un mercado único europeo conllevará la transformación armonizada de los modelos de mercados, especialmente mayoristas. El desarrollo de interconexiones, la introducción de los mercados de capacidad, armonización de mecanismos de balance y el replanteo del modelo de mercado de energía son retos que afectarán a España que, dadas sus condiciones de isla energética y su potencial de renovables, requerirá de soluciones estructurales que permitan al mercado funcionar de forma eficiente para el consumidor y predecible para el inversor. Desde un punto de vista regulatorio, la presión de la normativa medioambiental será creciente. Los nuevos objetivos del mercado de emisiones, la trasposición de la directiva REDII y una posible reforma fiscal medioambiental acentuarán la presión sobre las energías menos sostenibles. Pero si estas medidas no se aplican de forma estructural, sosegada y coordinada, podríamos llegar a causar perjuicios a consumidores e inversores, que requieren un marco estable para la toma de decisiones.

Por último, los Fondos Europeos. Más de un tercio de los que nos llegarán estarán destinados a actuaciones en sostenibilidad, para acelerar la transición energética. De su buena utilización dependerá que alcancemos una posición de liderazgo en determinadas tecnologías -hidrógeno, almacenamiento, nuevas renovables- que pueden poner al sector a la cabeza de Europa, convirtiendo nuestro ingente recurso energético renovable en una marca España, que atraiga la inversión extranjera y la reindustrialización.