Más energías verdes y más rápido

Nadie en su sano juicio pone en duda ya el calentamiento global. Esta afirmación es un triunfo de la ciencia, que una vez más ha demostrado su poder de convencimiento a largo plazo. Sin embargo, un alto porcentaje de la población no asume aún la emergencia que implica tal calentamiento como catalizador del cambio climático. Esta disociación se debe a que la percepción de la urgencia está sujeta a sensaciones personales, por un lado, y al ritmo de la legislación política, por otro. Algo similar ocurre con las energías verdes. Todo el mundo está convencido ya de que son la principal herramienta para la descarbonización de la economía y, sin embargo, el proceso de sustitución de los combustibles fósiles está más orientado al largo plazo que al corto. Curiosamente, el capital sí está actuando en el corto plazo al enfocarse en la financiación de proyectos de generación renovable, lo cual ha llevado a pensar en la existencia de una cierta burbuja que, a mi juicio, no es tal. Para que la convicción, la sensación de emergencia y los hechos físicos y legislativos coincidan en España es necesario que se generen las siguientes condiciones:

1)El mantenimiento de un marco regulatorio estable a largo plazo. Los inversores necesitan tener un horizonte claro en el que se pueda confiar. La regulación actual es válida para el despliegue de las renovables. El riesgo es que los gobiernos caigan en la tentación de hacer continuos ajustes al calor de circunstancias coyunturales; 2)Una mayor agilidad en las tramitaciones medioambientales. Menos burocracia o más eficiente, al menos en los plazos; 3)El despliegue más ágil de los puntos de interconexión, cuya principal responsabilidad es de REE.

Junto a estas condiciones regulatorias, en el ámbito tecnológico es importante que la innovación acelere en el desarrollo de sistemas de almacenamiento más potentes y asequibles, de tal suerte que las energías verdes dominantes (eólica y solar) comiencen a ser gestionables. Y, finalmente, en el ámbito social, los científicos deben realizar una ingente labor pedagógica para convencer a la ciudadanía de que no deje para mañana lo que puede hacer hoy, porque el cambio climático solo se nota de verdad cuando los ríos se desbordan, el campo se seca, el mar invade zonas nuevas de costa o una tormenta de nieve paraliza medio país. Una ciudadanía que debe acostumbrarse a ver las renovables en el patio de su casa, en el tejado del vecino o en un campo abierto cuya utilización agrícola está abandonada o a punto de serlo. Seamos conscientes de que las energías verdes están ocupando espacio, generando empleo y pagando tasas e impuestos en la España vaciada.