La encrucijada energética, ambiental y económica de España

Me gustaría, en primer lugar, felicitar a los editores y a todo el equipo de elEconomista por cumplir el hito de alcanzar las 100 ediciones de elEconomista Energía. Han pasado ya nueve años desde el lanzamiento del primer número, en julio de 2012, y durante todo este tiempo esta publicación ha sido testigo directo de los principales cambios experimentados por el sector energético en casi una década. El equipo de elEconomista Energía ha hecho su trabajo con profesionalidad y dignidad, una actitud muy necesaria a la hora de explicar a sus lectores las implicaciones que las novedades, modas y corrientes de fondo que afectan al sector energético tienen en nuestra sociedad.

Nos encontramos ante un cambio de paradigma energético, por lo que la labor de los profesionales de este medio será crucial para actuar como notarios de una realidad energética cada vez más compleja y con cada vez más implicaciones en el conjunto de la economía. La neutralidad climática en 2050, la reducción de las emisiones de GEI, el avance hacia una movilidad sostenible, el despegue del hidrógeno, la popularización de las smarts grids, la fiscalidad energética y la estabilidad de un sistema eléctrico cada vez más dependiente de las renovables, son sólo algunos de los asuntos que ocuparán muchas de las páginas de las próximas 100 ediciones de elEconomista Energía.

Europa y España se encuentran ante una encrucijada y, como suele pasar en estas ocasiones, podemos elegir la senda equivocada y acabar ante un precipicio cuya altura aún desconocemos. Pero también es posible que escojamos el camino correcto -que en opinión de CEEES es el de la neutralidad tecnológica- que nos permita avanzar hacia una economía baja en carbono, alcanzar un futuro multienergético libre de emisiones y protagonizar una transición energética verdaderamente justa para todos. Las últimas decisiones tomadas por la Administración hacen prever que la decisión está tomada y que en el campo de la movilidad nuestros gobernantes parten de conclusiones apriorísticas y no se limitan a fijar objetivos más o menos ambiciosos, sino que nos dicen que sólo hay una vía para alcanzar esas metas.

Nada más lejos de la realidad. Los empresarios de estaciones de servicio sabemos por experiencia propia que de nada sirve tratar de imponer nuevas formas de movilidad a la ciudadanía. Al final, es el consumidor quien decide cómo moverse y las estaciones de servicio españolas solo podemos dar respuesta a esa necesidad de movilidad, tal y como venimos haciendo desde hace décadas y como continuaremos haciendo en el futuro, sea cual sea la fuente energética que impulse los vehículos del mañana. A buen seguro que elEconomista Energía estará allí para contarlo.