Apuestas de negocio para un horizonte neutro en carbono

La reciente publicación por parte de la Unión Europea del paquete legislativo “Fit for 55”, la aprobación en España de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética y la llegada de los fondos europeos NextGen EU están generando una profunda reflexión en muchos operadores energéticos e inversores sobre cómo aprovechar este contexto para crear valor en sus carteras de negocio ante un horizonte a 2050 que se dibuja cada vez con más claridad. Esta reflexión debe partir del profundo cambio de la matriz energética que se va a producir en las próximas tres décadas. En la actualidad, el consumo de energía de España se compone principalmente de un 50% de petróleo, un 23% de electricidad y un 17% de gas natural. De cara a 2050 esta estructura debe cambiar radicalmente hasta alcanzar aproximadamente un 40% electricidad renovable, un 20% de hidrógeno verde y un 15% de biocombustibles y biogás. El petróleo y el gas natural podrán seguir representando hasta la cuarta parte de nuestra matriz energética siempre que compensemos sus emisiones con sumideros de carbono.

Ante estas grandes tendencias, la dificultad de acertar en las estrategias de negocio estará en las apuestas sobre los detalles del nuevo modelo. Una primera pregunta es cómo se asegurará el suministro eléctrico y qué rol jugarán en ello las baterías o el uso de hidrógeno en ciclos combinados o en células de combustible. Otra cuestión clave será el nivel de descentralización del sistema eléctrico y el peso que alcanzarán el autoconsumo y las microrredes frente a los grandes parques renovables conectados a la red de transporte y distribución. Una pregunta similar surge en el caso del hidrógeno: ¿se generará en grandes electrolizadores conectados a la red de gasoductos o iremos a una infraestructura distribuida de pequeñas instalaciones próximas al cliente final? En cuanto a la electrificación del transporte, el reto será cómo desarrollar modelos de negocio rentables cuando los vehículos eléctricos se cargan la inmensa mayoría de las veces en el hogar o el trabajo y consumen un orden de magnitud menos que los motores de combustión. En el mundo de la energía, las inversiones se plantean a horizontes de 30 años, y ése es justo el tiempo que tenemos en Europa y en España para alcanzar la neutralidad en carbono. Por ello, las decisiones y apuestas que realicen las empresas de energía en los próximos años van a determinar quiénes serán los ganadores en el nuevo mundo energético al que nos dirigimos.