La demanda mundial de petróleo volverá a niveles pre-Covid en 2023

Para que alcance su punto máximo, serán necesarias políticas gubernamentales y acciones legislativas más concretas hacia un futuro energético más limpio

Los cambios de comportamiento por la pandemia -desde el teletrabajo hasta recortes en los viajes aéreos de negocios y de placer- y un impulso más fuerte de los Gobiernos hacia un futuro con bajas emisiones de carbono, han provocado un cambio dramático a la baja en las expectativas de la demanda de petróleo para los próximos seis años, tal y como refleja el informe Oil 2021. Analysis and Forecast to 2026, elaborado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y presentado por Enerclub en un evento online. Esta situación, podría provocar un déficit en la inversión por parte de los países y empresas productoras de petróleo, que podría tener implicaciones geopolíticas y aumentar el riesgo de escasez de suministro más adelante.

Es poco probable que la demanda mundial de petróleo, que aún se tambalea por los efectos de la pandemia, alcance su trayectoria anterior al Covid. En 2020, la demanda descendió en 8,7 mb/d respecto al año anterior, y no se espera que regrese a ese nivel antes de 2023. Para 2026, la AIE prevé que el consumo mundial de petróleo alcance los 104,1 mb/d, lo que supondría un aumento de 13,1 mb/d respecto a los 91 mb/d de 2020.

Se espera que el crecimiento de la demanda provenga de las economías emergentes y en desarrollo. China, India y otras economías asiáticas, representarán más del 90% del aumento neto, aunque a un ritmo más lento que en el pasado reciente. Por su parte, la demanda de petróleo en la OCDE se recuperará con fuerza en el corto plazo, aunque no se prevé que vuelva a niveles anteriores a la crisis.

En su informe, la AIE pronostica que el camino hacia la recuperación será desigual, lo que reflejará los diferentes impactos de la transición energética entre regiones, sectores y productos del petróleo. Cree posible que la demanda mundial de gasolina no vuelva a su nivel de 2019, mientras que el crecimiento de la demanda de diésel se desacelerará notablemente; en ambos casos, debido a las mejoras en eficiencia, la transición a vehículos eléctricos y los cambios en los hábitos de los consumidores. En el caso del transporte aéreo -el sector más afectado por la pandemia-, la AIE prevé que el consumo de combustible en aviones volverá a los niveles de 2019 en 2024, aunque la proliferación de las reuniones online podría alterar permanentemente las tendencias de los viajes de negocios.

La industria petroquímica, por el contrario, que ha sufrido relativamente poco por la crisis del Covid, seguirá siendo un pilar de crecimiento en los próximos seis años. El uso de la nafta, el etano y el gas licuado de petróleo (GLP) como materias primas para esta industria, serán responsables del 70% del crecimiento de la demanda de productos petroleros hasta 2026 en comparación con el nivel de 2019. El crecimiento de la demanda de GLP y etano, que aumentará en su conjunto en 900 kb/d entre 2019 y 2026, estará dominado por EEUU y China, mientras que la demanda de nafta, que aumentará en 1,2 mb/d en este periodo, verá su mayor crecimiento en China, India y Rusia.

Desaceleración de la capacidad de producción

La capacidad de producción mundial de petróleo también se ralentiza. El fuerte recorte de gastos y retrasos en los proyectos ya están limitando el crecimiento de la oferta y la capacidad de producción mundial de petróleo aumentará en 5 mb/d en 2026. En ausencia de una acción política más sólida, la producción mundial tendría que aumentar 10,2 mb/d en 2026 para cumplir con el repunte esperado de la demanda. Se espera que los productores de Oriente Medio proporcionen la mitad de este aumento. Si Irán sigue bajo sanciones, mantener en equilibrio el mercado mundial del petróleo podría requerir que Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, bombeen a niveles récord.

Esta situación marca un gran cambio respecto a los últimos años, cuando EEUU dominaba el crecimiento de la oferta mundial. En el entorno político actual, se prevé que el crecimiento de la producción estadounidense se reanude a medida que los niveles de inversión y actividad repunten junto con el aumento de los precios; sin embargo, es poco probable que se alcancen los niveles de años anteriores.

El mercado global todavía parece estar adecuadamente abastecido en el mediano plazo. Pero en ausencia de nuevas inversiones upstream, el colchón de capacidad excedente se erosionará lentamente. Para 2026, la capacidad de producción excedente efectiva global (excluido Irán) podría caer a 2,4 mb/d, su nivel más bajo desde 2016.

Refino: cierres globales

Si bien el sector upstream podría ver cómo se desinfla su colchón de capacidad, el sector de refino está luchando contra el exceso de capacidad, que solo puede erradicarse mediante cierres masivos. Ya se han anunciado cierres globales de 3,6 mb/d, pero se requerirá un total de, al menos, 6 mb/d para permitir que las tasas de utilización vuelvan a superar el 80%.

Se espera que las operaciones al este de Suez representen todo el crecimiento en la actividad de refino hasta 2026 desde los niveles de 2019. Como resultado, se proyecta que las importaciones de petróleo crudo de Asia aumentarán a casi 27 mb/d para 2026, lo que requerirá niveles récord, tanto de exportaciones de petróleo crudo de Oriente Medio como de producción de la Cuenca Atlántica, para llenar el vacío. El centro de gravedad del comercio de productos refinados también se trasladará a Asia, lo que hará que la dependencia de las importaciones de petróleo de la región aumente al 82% en 2026.

Cualquiera que sea la ruta de transición, la industria del petróleo como la del gas tienen un papel importante que desempeñar. Tecnologías como la captura de carbono, el hidrógeno, los biocombustibles y la eólica marina, pueden ayudar a descarbonizar aquellos sectores donde las emisiones son más difíciles de abordar.