Reactivar la industria pasa por la energía

Tras el impacto del Covid-19, España necesita a la industria que tiene y a mucha más, por eso, mantenerla e incrementarla es prioritario para la reactivación económica. La industria, que supone empleo estable y de calidad, ha sido la asignatura pendiente de los últimos gobiernos: todos decían querer elevar su peso en el PIB, pero ninguno puso medidas que lo lograsen. Y en esas nos pilló el coronavirus y ahora emerge unánimemente la imperiosa necesidad de hacer industria para que no se derrumbe el bienestar nacional, ya que sin industria no habrá reactivación de nuestra economía.

La industria y energía son un tándem, en el que la primera suma un tercio del consumo de electricidad y dos tercios del de gas natural, y la mitad de todo ello corresponde a industrias intensivas en energía cuya competitividad pende de sus costes energéticos. Las electrointensivas suponen el 50% del consumo eléctrico y las calorintensivas que emplean cogeneración el 40% del consumo gasista del total industrial. Pero este tándem está desequilibrado: la energía pedalea hacia atrás frenando a la industria, que se va rezagando con un diferencial de competitividad energética frente a otros países que sí cuentan con políticas energéticas y medidas concertadas y eficaces para sus industrias.

Relevantes asociaciones empresariales han presentado al Gobierno soluciones que inciden en la industria, la energía y la descarbonización. CEOE con su Estrategia España para la recuperación de la crisis COVID-19, la Alianza por la Competitividad de la Industria con diez medidas para la reactivación de la economía española, o Foment con su Plan de Choque para recuperar el empleo. Todas coinciden en reclamar acciones para promover políticas energéticas competitivas y minorar el gap que soporta la industria en España. El porfolio de propuestas abarca medidas fiscales, administrativas, de sostenibilidad, mercado etc., que ponen el dedo en la llaga, ya sea para ajustar las situaciones de los mercados energéticos, acrecentar la compensación de costes indirectos, aprobar el Estatuto Electrointensivo o atender la cogeneración.

La receta para la reactivación industrial en España es simple y conocida: competitividad, descarbonización y eficiencia, y pasa por regular de manera eficiente, ágil y en continúa interlocución con las empresas. Un claro ejemplo de la mejor receta lo tenemos en la cogeneración, que penosamente sobrevive en una regulación desfasada con la situación de los mercados en la crisis Covid-19, añadida a la parálisis regulatoria de los últimos años.

En más de 600 industrias calorintensivas de alimentación, papel, refino, azulejo, química, automóvil, etc., claves en la reactivación, la cogeneración es imprescindible para la fabricación y vital para sus costes; empresas con más de 200.000 empleos directos que producen el 20% del PIB industrial y generan el 12% de la electricidad, con el 25% del consumo nacional de gas.

La actividad industrial de los cogeneradores está hoy al 80% frente a igual fecha de 2019, un dato grave pero esperanzador por la tendencia positiva, que puede venirse abajo si el Ministerio no toma medidas regulatorias con urgencia. Estamos paralizados en la fase de la desatención regulatoria, impropia de un país industrial. La situación es grave con un Ministerio -el de Energía- que desatiende e incumple de oficio obligaciones básicas hacia sus administrados.

La retribución regulada de la cogeneración (800 M€/año, 1/3 de nuestras ventas de electricidad) es hoy un sudoku sin haberse publicado a estas alturas de 2020 su cuantía para el último trimestre del 2018, ni para todo el 2019. Casi finalizado mayo nada sabemos de la retribución para el segundo semestre 2020. Total incertidumbre para planificar la producción industrial: la incertidumbre de los mercados es gestionable por las empresas, pero no el riesgo de unos ingresos regulados ignotos que penden del Ministerio.

No se entiende que en los próximos seis meses más de 50 industrias y 450 MW de cogeneración finalicen su vida útil sin que la Administración haya promulgado un marco normativo que permita mantenerlas en marcha.

Nuestra Administración sabe que esas cogeneraciones son imprescindibles para fabricar miles de productos, sin embargo, se cumplen dos años de la anterior prórroga sin que el Ministerio haya anunciado un transitorio o un nuevo marco, pese a las peticiones de las empresas. Seis años esperando el desarrollo del plan de renovación tecnológica de cogeneración y residuos que recoge la Ley para alcanzar más eficiencia y descarbonización.

No hay explicación a que en España no podamos invertir en cogeneración como lo hacen Alemania, Italia y otros muchos países europeos que la promueven.

Es paradójico que este año el Ministerio nos haya recortado la retribución en 400 millones de euros, súbita e injustamente en el peor momento, llevándonos a esperar a la puerta de Tribunales a más de 600 empresas que están en el mejor nivel industrial del país. Por si fuera poco, el desajuste regulatorio de las previsiones del Ministerio con la realidad de los mercados implica que los cogeneradores tengamos que financiar otros 400 millones de euros adicionales al sistema eléctrico este año.

Como ven, el predicamento industrial es uno y la realidad de los hechos otra. Las industrias perviven en permanente incertidumbre regulatoria sin respuestas ni prioridad. Urge que el Ministerio actúe y cumpla con la industria. La regulación económica de la cogeneración está desfasada ante la crisis Covid-19 y es imprescindible ajustarla a la situación actual de los mercados y dotar un marco de continuidad y estabilidad.

Acogen ha trasladado al Gobierno propuestas regulatorias concretas, viables, sencillas y eficaces para dar respuesta a las necesidades de nuestras industrias. Seguimos sin respuesta y queremos saber cuándo cambiamos nosotros de fase.