Nuevos marcos regulatorios tras la primera oleada

Ala luz de las consecuencias en la actividad industrial y los mercados energéticos de la primera oleada Covid-19, podemos extraer conclusiones que orienten a la hora de impulsar la reactivación y que faciliten la adaptación a los nuevos escenarios. Para la cogeneración hay tres claves: la regulación, los mercados energéticos y la integración de actividades industriales y energéticas.

Sigue siendo esencial y prioritario que los reguladores sean capaces de reaccionar con prontitud para tomar medidas a tiempo. En materia energética, el Gobierno hizo un buen trabajo reaccionando en marzo con medidas de emergencia -RDL 11/2020- para asegurar la continuidad de los suministros de electricidad y gas, aliviando y flexibilizando las condiciones de contratación de empresas y usuarios.

En el caso de la cogeneración, las medidas se produjeron en junio, tras el periodo de alarma, con el RDL 23/2020, que ha ajustado el diferencial de precios regulados a la situación del mercado eléctrico y el CO2 en los pasados tres meses y flexibilizado las horas de funcionamiento requeridas. Desde Acogen reconocemos estas medidas, en trámite de publicación, como necesarias para las industrias que mantuvieron sus producciones en condiciones muy difíciles.

Las medidas ex post son acertadas pero el objetivo precisa unirse y colaborar para acometer medidas ex ante, es decir, nuevos marcos regulatorios que gestionen los retos de los escenarios productivos, económicos y sociales que afrontamos.

Las reacciones en los mercados energéticos mayoristas eléctrico y gasista sobre las bases de oferta y demanda y sus expectativas, han sido rápidas e intensas en esta crisis y son un indicativo de buen funcionamiento.

Para los consumidores, la adaptación de sus condiciones contractuales y de precios a la evolución de los mercados ha tenido grandes inercias. Las nuevas condiciones en los mercados tardan en trasladarse a los consumidores finales en función de los compromisos contractuales mutuamente adquiridos –i.e., contratos anuales firmes o con indicadores de largo plazo-, por lo que muchas industrias siguen procesos de adaptación y renegociación en sintonía con sus cadenas de suministro.

La experiencia hará que, en el futuro, las industrias presten mayores medios a la gestión de riesgos y a la capacidad de reacción para ajustarse a condiciones y compromisos de contratación con un mayor componente de los mercados spot y a corto, también aprovechando las oportunidades en derivados y otras que presente el mercado. Adaptarse y anticiparse a la evolución de estos escenarios es imprescindible para el éxito de la industria.

La cogeneración ha logrado cierta recuperación en poco tiempo. En marzo, la producción se desplomó un 30%, pero en tres meses ha recuperado 20 puntos y la expectativa para este año se sitúa un 5%-10% por debajo de los niveles precrisis. En comparación con la totalidad del sector industrial -cuya afectación prevé reducciones del 20%-27% del PIB industrial-, la experiencia de los cogeneradores muestra que a mayor integración de la producción y transformación de la energía en las actividades industriales, mayor resiliencia y recuperación.

Una mayor integración de energía e industria, aprovechando las oportunidades y sinergias que brinda la transición energética y la descarbonización -especialmente para las intensivas en consumo energético-, emerge como clave imprescindible de futuro para mantener y potenciar nuestra industria.

El enorme potencial del país en el desarrollo de renovables y en la integración de los sistemas energéticos con el desarrollo del gas renovable y la economía del hidrógeno, serán esenciales para el futuro industrial de España en esta década.

Desde Acogen pedimos medidas regulatorias para no retroceder en la reactivación de la producción en la cogeneración y sus industrias asociadas. Nuestras propuestas pasan por promulgar antes de fin de año un nuevo marco que regule las inversiones del sector y dé solución a las plantas que acaban su vida útil y finalizan el régimen retributivo actual. Porque un nuevo marco relanzaría la renovación e inversión tecnológica en la industria con mayor descarbonización y más eficiencia, evitando tensiones económicas y empleando mecanismos similares a los existentes en otros países como Italia o Alemania.

Más de 50 plantas y 500 MW salen del marco actual en diciembre y en cinco años unas 200 instalaciones con 2.500 MW estarán en esta situación, sin contexto de continuidad ni inversión. Por ello, si no se promulga a tiempo un nuevo marco, debe establecerse un régimen transitorio -similar al del RDL 20/2018- para que las plantas no paren hasta que haya uno nuevo.

La regulación en vigor también necesita habilitar el ajuste del valor del CO2 y realizar el ajuste del valor del precio del mercado eléctrico en la retribución, evitando mayores cargas financieras. Todo ello, al menos, anualmente y sin olvidar que requerimos medidas coyunturales urgentes, teniendo pendientes la publicación de la revisión de los parámetros retributivos del segundo semestre 2020 con una metodología consultada con el sector y adecuada a la situación postCovid.

Sin industria no hay cogeneración y con menos cogeneración serán menos las industrias calorintensivas que hoy suponen el 20% de nuestro PIB industrial y generan el 12% de la electricidad.

Del Gobierno depende que se regule con acierto este acelerón hacia la transición energética y la descarbonización que debe servir para reactivar la economía.