Preparar el camino a las redes 6G, una misión común

Sabemos que en esto de la industria tecnológica, una cosa es el producto que se está comercializando en este momento, otra cosa distinta es el producto que le sucederá y cuyo lanzamiento se está preparando y otra cosa aún más diferente el prototipo en el que ya piensan los ingenieros para un futuro a medio plazo. Así es como avanzamos de un modelo de móvil a otro, de una pantalla a otra... Eso mismo sucede también con las redes.

Aunque pueda parecer que el 5G apenas acaba de completar su comercialización, lo cierto es que las firmas de análisis pronostican que para finales de este año ya habrá en el mundo 1.000 millones de usuarios disfrutando de estas conexiones ultrarrápidas. Aparte de su velocidad, esta tecnología ha ayudado a la popularización de la inteligencia artificial, ha ampliado las posibilidades del cloud computing, también del Edge... Pero los ingenieros ya diseñan cómo será ese siguiente peldaño.

Como pronto, hay que reconocer que llegará en 2030, por lo que aún disponemos de tiempo para prepararnos para ese nuevo salto. Como explicamos en el tema de portada de este número, aunque sean aún más rápidas y podamos hacer cosas como enviar 1.000 películas en un segundo -el clásico ejemplo que suele ponerse para mostrar claramente su poder- vendrán acompañadas de una capacidad de cómputo y de procesamiento de datos gigantescas. Hablamos de un escenario en el que cada ciudadano pueda disponer de 100 dispositivos interconectados o en el que un vehículo cuente con 200 sensores. Entraremos así en la era del tera frente a la era del giga y la hiperconectividad conocerá una nueva etapa.

Sin embargo, las telecos se enfrentan a una encrucijada nada fácil. Aún tienen por amortizar despliegues de fibra y de redes que están operativas y que son capaces de soportar la actual demanda, pero antes de haber alcanzado esa amortización se verán obligadas a asumir cuantiosas inversiones en infraestructuras que reemplacen a las anteriores. A las cuestiones económicas le siguen otras ecuaciones tecnológicas por resolver, como el ordenamiento del espectro, un tema que compete a los organismos reguladores y al Gobierno.

Como sucedió en su día en el despliegue de las redes 2G, 3G, 4G y más recientemente 5G, ha llegado el momento de volver a reunir fuerzas, de remar todos en la misma dirección, de establecer unos estándares internacionales que hagan posible el salto a la nueva generación. La industria 4.0, la gran beneficiada hasta ahora de las redes 5G, también vivirán un nuevo impulso a su transformación digital en un futuro marcado no solo por una mayor competitividad y eficiencia, sino también por una mayor sostenibilidad.