Llega el tiempo de cambiar renta fija por alternativos y, en particular, por tecnología

En los últimos meses hemos vivido un periodo convulso en los mercados financieros donde rápidamente han caído las valoraciones de casi todos los activos líquidos cotizados, debido a las subidas de los tipos de interés, dudas sobre el crecimiento mundial en diciembre y enero, altas valoraciones de los activos cotizados y la volatilidad por la invasión de Rusia en Ucrania.

Como consecuencia de estas dudas y de la volatilidad, muchos inversores están viendo oportunidades en mercados cotizados y de Renta Fija, donde hemos vivido una importante corrección en precios que podría continuar. Nuestra visión es que el crecimiento real de las economías será limitado, con inflación (probablemente algo más controlada) y subidas de tipos para intentar controlar ésta. Aunque pudiera parecer que el aumento de los cupones en los bonos los hace más interesantes que hace un año, lo vemos más como un espejismo y, por tanto, no consideramos la renta fija como alternativa para incluir en las carteras de forma estructural, puesto que los instrumentos a tipo fijo (la mayor parte de la renta fija) perderán valor con la subida de los tipos y, por ende, sus rentabilidades reales no podrán acercarse a la inflación.

Considerando una inflación media de un 3% los próximos 10 años, el cupón del 2% del bono español a 10 años no cubre siquiera la inflación, a lo que hay que añadir que las subidas de tipos que anticipa el propio BCE darán pérdidas en el valor nominal del bono, todavía más acentuado en duraciones altas. De esta forma, lo único que será fijo en la renta fija es la probabilidad de perder valor sobre el capital invertido.

Por ello, es necesario una nueva reorientación de las inversiones hacia el capital privado, con cautela, sí, pero viendo una oportunidad ante la situación de incertidumbre en que nos encontramos. Estas afirmaciones coinciden con el informe de 2020 elaborado por UBS (Allocating to private equity in a multi-asset class portfolio), donde se destaca que los inversores más conservadores que busquen preservar su patrimonio deberían tener, al menos, un 5% de exposición al capital privado, ascendiendo al 10% en perfiles balanceados, a un 15% en agresivos y un 20% en los muy agresivos. Estos porcentajes, como hemos constatado, son notablemente superiores a los registrados en España.

En el punto de decidir qué activos de capital privado deberíamos incorporar en las carteras, nuestra opinión es que la tecnología jugará un papel fundamental, como ha venido sucediendo los últimos siglos. Como ejemplos, la revolución agrícola, el desarrollo del petróleo y del sector automovilístico o incluso de la energía.

En todos ellos, la tecnología ha jugado un papel esencial y va a resultar clave para el desarrollo del tejido empresarial en los próximos años. La pandemia ha acelerado el comercio electrónico y la Inteligencia Artificial. Países como Alemania, y con ella Europa, han impulsado estrategias para evolucionar hacia la Industria 4.0, el cuarto ciclo técnico-económico que ha atravesado la humanidad desde la Primera Revolución Industrial de 1760. Este salto tecnológico también llamado Industria 4.0 es un cambio de paradigma que fue definido por primera vez en 2011 por el economista Klaus Schwab, fundador y exdirector general del Foro Económico Mundial. En esta nueva etapa, priman los productos y operaciones digitales y la fabricación informatizada se combina con tecnologías inteligentes, cadenas de valor y negocios cooperan entre sí de manera flexible y global.

Por tanto, una cartera para combatir el ciclo que se avecina tiene que estar bien diversificada, con un escenario principal de inversión en Renta Variable, y como complemento y dentro del mismo, alternativos en general y tecnología en particular, conformará un portfolio diversificado, atractivo y capaz de generar rentabilidades superiores a la inflación. Así se constata en el informe Benchmarks que realizó PitchBook del tercer trimestre de 2021, donde se refleja que el venture capital a 10 años ha batido consistentemente al resto de activos alternativos.

El capital privado tecnológico tiene básicamente dos vías para invertir, dependiendo del perfil de riesgo del inversor y de la diversificación que quiera obtener. Entendemos que un inversor más conservador se sentirá más seguro invirtiendo a través de un Fondo de Fondos, donde se mitiga el riesgo del activo, puesto que se trata de vehículos donde hay de media unos 15/20 fondos, que a su vez invierten en 15/20 compañías, lo que hacen portfolios muy diversificados con cerca de 350 compañías subyacentes, y por tanto una diversificación muy alta que tenderá a generar retornos netos anuales por encima del 10%, superior, por tanto, a la inflación actual.

En el caso de inversores que quieran tener exposición más directa al activo, consideramos que hay un nicho de mercado en vehículos FCR (igual que el fondo de fondos) que invierten en pequeñas y medianas empresas tecnológicas cotizadas en los mercados alternativos europeos, que generen caja de manera recurrente, que no estén apalancadas y donde junto al equipo de gestión se puede trabajar conjuntamente con ellos en el desarrollo de la compañía hacia el próximo escalón. Hay que recordar que estos vehículos denominados como Fondos de Capital Riesgo (FCR), tienen una bonificación en el caso de personas jurídicas que hacen que la inversión resulte altamente atractiva. En resumen, y como conclusión, creemos que incluir tecnología en las carteras es un generador natural de alfa, cuando se invierte en tecnología la diversificación es fundamental ya que reduce significativamente la dispersión de retornos.

Hoy en día, nadie cuestiona que el impulso económico de esta nueva etapa de la humanidad reside en la tecnología. Y que la diversificación es la estrategia indispensable para invertir en valores tecnológicos dentro un portfolio mixto y exitoso en estos tiempos de incertidumbre.