Estabilidad y reformas

La legislatura entra en su recta final. El presidente Juanma Moreno ha expresado su intención de exprimir el último periodo de sesiones parlamentario, de enero a julio, en el que la cercanía de las urnas no le permitirá ya gozar de la estabilidad con la que ha gobernado. El entorno andaluz se complica y el nacional también, con el adelanto en Castilla y León. Tendrá que bandearse a derecha e izquierda para seguir con las reformas que le demanda el tejido productivo. Porque reformas y estabilidad le han sentado bien a Andalucía.

La agenda reformista se ha sostenido en dos patas. La primera, de puertas para adentro, para modernizar una administración anticuada, ineficiente, lenta y en buena medida paralizada por los casos de corrupción de etapas anteriores. La Junta ha escuchado el clamor contra el “infierno burocrático” y ha apostado por la simplificación normativa, con tres leyes en esta legislatura. Y es ahora pionera en procesos de automatización administrativa. Ha arrancado además la imprescindible reforma de las entidades auxiliares, la administración paralela. El primer paso, la fusión de cuatro agencias para la promoción económica en una sola, Trade, con Arturo Bernal al frente. Iniciada en las fases previas está también la reforma integral del Servicio Andaluz de Empleo. El paro es el principal problema de los andaluces, y un servicio que intermedia en el 2,7% de las contrataciones de la comunidad -y el 90% de estas por imperativo legal- no es sostenible. La aplicación del perfilado estadístico y de la inteligencia artificial pueden ser el principio de la solución, tal y como se ha planteado. A la reforma del SAE hay que adosar la recuperación de la Formación Profesional para el Empleo tras casi una década de abandono y escándalos. Una economía no puede ser competitiva sin capital humano formado.

La otra pata reformista ha girado en torno a la atracción de empresas e inversiones. La competitividad de la empresa andaluza está limitada por el escaso músculo de más de 95% del tejido productivo, microempresas y pocas pymes. Retos como la transición verde, la digitalización o la internacionalización se acometen mejor con más volumen. La bajada de impuestos y el apoyo a proyectos estratégicos han jugado aquí un papel fundamental para transmitir confianza. Andalucía lidera ahora la atracción de inversores extranjeros.

También ha transmitido confianza la paz social que ha caracterizado la legislatura, y que se ha visto interrumpida por los sucesos de Cádiz en torno a la huelga del Metal. Para el último periodo de sesiones la estrella será la Ley de Participación Institucional, que dará mejor encaje al diálogo social y la mayor implicación de los agentes económicos y sociales en la gobernanza. Habrá mucho ruido externo para sacar adelante la ley, con la sanidad andaluza como bandera sindical de protestas previas a las elecciones. Porque la estabilidad ya se ha acabado, aunque aún quedan muchas reformas por acometer.