Tirar comida es una irresponsabilidad: no es una actitud ética ni sostenible

Resulta paradójico que en un momento en el que cientos de miles de personas hacen cola para recibir una bolsa de comida debido a la crisis económica que está provocando el coronavirus, un 7,5% de los consumidores reconozca que ahora tira más comida a la basura que antes. De resolver el problema de cómo ayudar a quienes no tienen dinero para llevar alimentos a casa se están ocupando, en lo que a esta publicación le compete destacar, por el sector al que da voz, la industria alimentaria, que han donado toneladas de productos a los bancos de alimentos; así como las cadenas de restauración, caso de Telepizza, Rodilla y Viena Capellanes, las cuales, hasta hace poco, se ocupaban de llevar a comida a las casas de los niños madrileños con beca de comedor.

En cuanto al desperdicio alimentario, la responsabilidad de reducirlo al mínimo posible es fundamentalmente del consumidor, al margen de campañas institucionales sobre las diferencias, por ejemplo, entre lo que es la fecha de caducidad o la de consumo preferente, o los mensajes de sensibilización y concienciación. Puede resultar comprensible que en los primeros momentos del confinamiento los compradores hayan llenado en exceso el carro de la compra, con el consiguiente aumento en el desperdicio alimentario, pero cuando todo esto acabe, estamos emplazados a establecer una nueva relación con la comida y evitar, como recuerdan en Too Good To Go, una app que lucha contra el desperdicio alimentario, que el 84% de los alimentos que se desperdician en los hogares habitualmente corresponden a productos sin utilizar, que tal y como se compraron fueron la basura.

Un tercio de la comida que se produce en todo el mundo va se tira: estamos hablando de 1.600 millones de toneladas al año, o lo que es lo mismo, de 51 toneladas de alimentos por segundo. Pero esto no es un problema solo ético o económico. Es también una cuestión vital que hay que resolver para preservar el medioambiente, puesto que según una encuesta realizada el año pasado en Too Good To Go, el 88% de los españoles no creía que tirar comida fuera un problema para el planeta, cuando lo cierto es que el desperdicio alimentario provoca hasta el 10% de las emisiones de efecto invernadero. Hay motivos para pensar que cuando concluya la desescalada el consumidor va a ser más sensible al desperdicio. Así, el el confinamiento ha hecho que cocinemos mucho más en casa, un 51% de los españoles lo hacen más que antes, según la OCU. También está haciendo que muchas personas aprovechen más los alimentos a punto de caducar para hacer salsas, purés o que rescaten recetas de la abuela, se ejerciten en la repostería, etc. Nuestra relación con los alimentos es más estrecha, lo que tal vez haga que, a partir de ahora los cuidemos y respetemos más y los tiremos menos al cubo de la basura.