La sostenibilidad medioambiental, una oportunidad para la recuperación económica

La recuperación económica y la sostenibilidad ambiental son conceptos íntimamente unidos en la actualidad. Ambas prioridades avanzan de la mano, la primera con el objetivo de volver a la senda del crecimiento económico, marcado por la pandemia, y la segunda con el de minimizar la huella medioambiental, en particular el impacto de las emisiones de CO2. Sin embargo, no siempre la teoría y la práctica apuntan en la misma dirección en el mismo momento. Pese a que la sociedad, las empresas y otros agentes económicos han recalcado su compromiso con la sostenibilidad, la dimensión de la crisis sanitaria y económica empuja a muchas de ellas a desviarse de sus prioridades iniciales.

El Covid-19 trastoca todos los planes, pero no puede convertirse en la nueva excusa para aplazar las acciones de las empresas en su lucha contra el cambio climático. Todo lo contrario. Si los efectos de la pandemia están impactando fuertemente en nuestra economía, mayor debe ser el empeño de las empresas para contrarrestarlos. Por ello, no queda otra que redoblar los esfuerzos en defensa de la sostenibilidad medioambiental. Haciéndolo así, no solo conseguiremos acelerar la recuperación económica y la salida de la crisis, sino que, al mismo tiempo, estaremos desarrollando una economía más sostenible medioambientalmente y más resiliente en el medio y largo plazo. Así lo mantiene la CE, convencida de que no se puede resolver esta crisis sin prestar atención al medio ambiente.

La cuestión reside en cómo deben actuar los líderes para doblegar al Covid-19 y, al mismo tiempo, encarrilar un futuro que necesariamente debe ser respetuoso con la gestión y el consumo de los recursos naturales. Las compañías deben aprovechar esta situación crítica para replantearse la sostenibilidad de sus productos y servicios. Es decir, no basta con confiar el asunto únicamente a los gobiernos, sino que es necesario abordar la recuperación a través de un diálogo y una acción coordinada con el sector privado.

¿Qué pueden hacer las empresas para colaborar en la superación de esta crisis de manera sostenible? En BCG mantenemos desde hace tiempo que la empresa actual no puede medir su éxito únicamente con el volumen de sus beneficios, sino que debe incluir también en la balanza el impacto social y medioambiental generado, en lo que denominamos Total Societal Impact, el impacto generado por las empresas en las sociedades en las que operan, no solo al beneficio económico a corto plazo. En este sentido, los líderes corporativos deben marcarse cuatro grandes prioridades:

En primer lugar, las empresas están llamadas a disminuir su impacto medioambiental directo a través de unas operaciones más sostenibles. Esta estrategia invita a crear programas de eficiencia energética y migrar hacia las fuentes renovables para generar ahorros significativos. Esto supone buscar nuevas formas de trabajar para rebajar la huella de carbono y el impacto medioambiental.

La segunda consideración gira en torno a la creciente importancia de las cadenas de suministro. Se impone una mayor transparencia en el control de los efectos sobre el medioambiente de las actividades de proveedores y suministradores, gestionando con criterios de sostenibilidad las decisiones asociadas a cada una de las etapas de la cadena de valor. Todo lo anterior requiere la participación de los proveedores como socios para que asuman sus propios objetivos de sostenibilidad, eficiencia energética y reducción de emisiones.

El tercer gran desafío pasa por reducir los residuos asociados a sus operaciones, a través de la generación de ecosistemas que fomenten la economía circular y que permitan aprovechar y poner en valor como fuentes de materia prima en un determinado proceso lo que antes eran considerados como residuos para otros procesos productivos.

Y el cuarto consiste en aumentar la resiliencia al riesgo climático. Esto requiere gestionar de forma proactiva los riesgos asociados al cambio climático de la cartera de activos y negocios de las compañías y a crear resortes frente a los riesgos regulatorios y de mercado derivados del calentamiento global y de los objetivos de reducción de emisiones.

El riesgo de la inacción climática es demasiado elevado como para no priorizar estas actuaciones en el contexto actual de crisis económica. Por el contrario, actuar ahora con una apuesta decidida por la sostenibilidad medioambiental, es una fuente de creación de riqueza y empleo a corto plazo y de asegurar que se sientan las bases de una economía competitiva y resiliente a medio y largo plazo.

BCG lo tiene claro: apuesta por la recuperación verde, sin ceder esa prioridad ante las circunstancias e incertidumbres actuales. En esta crisis, no sólo hemos optado por mantener nuestro compromiso climático, sino que lo hemos reforzado aún más, si cabe. En 2019 lanzamos el Centro para la Acción Climática (CCA, por sus siglas en inglés), especializado en ayudar a las empresas, gobiernos y organizaciones no gubernamentales a liderar la transformación tecnológica y económica necesaria para abordar la creciente amenaza del cambio climático.

Este año hemos ido más allá. Rich Lesser, CEO de la firma, ha recalcado recientemente la intención de alcanzar un impacto climático cero para 2030. Esto supone adelantarnos dos décadas al objetivo de emisiones cero para 2050, y convertirnos en uno de los pioneros en esta lucha. Para lograrlo, nos hemos marcado una hoja de ruta en la que BCG centra su acción climática en tres aspectos clave: reducir las emisiones directas de CO2, neutralizar el impacto climático restante y contribuir significativamente a la agenda climática global. Ante el imperativo de evitar el cambio climático global, los gobiernos y entidades privadas deben ir de la mano en la lucha por la sostenibilidad. Es el momento de actuar, invirtiendo de manera proactiva para transformar nuestra economía y nuestro tejido empresarial, haciéndolo más sostenible y más eficiente. Una acción decidida e innovadora en apoyo de la sostenibilidad ambiental y la lucha contra el cambio climático puede ser uno de los motores de la recuperación económica, del crecimiento y del empleo.