La recuperación verde de la economía es posible

El pasado 22 de abril se celebró el día de la Tierra y, en una fecha tan señalada, es especialmente relevante reflexionar sobre lo que está ocurriendo en esta crisis sin precedentes y su significado. Las emisiones de carbono se han reducido drásticamente por la menor generación de energía eléctrica y la menor movilidad. Los combustibles fósiles están en caída libre y hemos visto los cielos más despejados en mucho tiempo en las ciudades de España. El Covid-19 está dejando a su paso una transformación completa de nuestras vidas y de nuestro entorno pero, lamentablemente, esto no es fruto de ningún plan.

Lejos quedan ya aquellos meses en los que la Comisión Europea planteó su Pacto Verde como eje de la transformación de la economía europea hacia la eficiencia y la descarbonización. La difícil crisis sanitaria que estamos viviendo a día de hoy, sin referencias históricas comparables sobre las que los diferentes gobiernos puedan apoyarse, hace que desafortunadamente la crisis climática haya tenido que ser relegada a un segundo plano mientras luchamos contra la pandemia.

Tras la crisis sanitaria, es el momento de prepararnos para hacer frente a la siguiente crisis, la económica. Gobiernos, instituciones y empresas se están reuniendo estos días para comenzar a dibujar las medidas que nos ayudarán a recuperar nuestra economía. Y es aquí donde se nos devuelve una oportunidad única de cambiar las cosas y crear un modelo de economía más sostenible.

Como decía el economista austriaco Joseph Schumpeter, las épocas de crisis, aunque son duras y dolorosas, tienen un impacto muy positivo para la innovación. La sociedad tiende a descartar lo viejo y lo obsoleto por lo nuevo y lo mejor. Las personas quieren salir fortalecidas de una crisis y construir hacia un mundo mejor. El Covid-19 ha puesto patas arriba nuestros hábitos de transporte, de consumo, y en muchos casos, de trabajo. Está claro que necesitamos adaptarnos.

Entre las desoladoras cifras de la tragedia sanitaria y económica del coronavirus, hemos podido observar algunos hechos positivos por parte de gobiernos, empresas y ciudadanos que deberían servirnos de inspiración para luchar contra la crisis climática.

Primero, la ciencia está tomando un mayor peso en la agenda política. Es prometedor ver cómo gobiernos de diferentes países están siendo asesorados por comités de científicos y expertos de manera cada vez más frecuente. Tenemos que fortalecer esa confianza en la ciencia si queremos entender cómo enfrentarnos a las complejidades del calentamiento global.

Segundo, estamos viendo niveles sin precedentes de cooperación entre empresas privadas y gobiernos. Esta cooperación, motivada por la lucha contra una causa común, debería estar también presente a la hora de superar la crisis climática.

Tercero, la sociedad ha demostrado una increíble capacidad de adaptación, de lucha y de sacrificio en la lucha contra el Covid-19. Y una generosidad admirable. Nunca en la época moderna europea habíamos visto tantos gestos espontáneos de ayuda y entrega por los demás. Si los ciudadanos somos capaces de aplicar esta misma generosidad en otros ámbitos en el futuro, podemos generar juntos un impacto muy grande.

Esa debería ser nuestra inspiración.

Nosotros en Bulb tenemos claro que es posible construir un mundo mejor y más sostenible. Creemos que se puede recuperar la economía mientras ayudamos a proteger el planeta y desarrollamos modelos innovadores. En nuestro caso, ofrecemos energía 100% renovable, más barata y fácil de entender, ayudando así a nuestros usuarios a reducir su huella de carbono mientras reducen, al tiempo, el precio de su factura de la luz. Creemos que cada persona tiene en su mano contribuir con pequeños gestos a construir ese mundo mejor.

Desde nuestro papel como startup, nos parece imprescindible que todas las empresas empiecen a informar sobre su impacto medioambiental y que se comprometan, igualmente, a reducir sus emisiones de carbono. Si bien es cierto que algunas compañías están obligadas a informar públicamente sobre sus emisiones, las normas no se aplican a todas las empresas. Y, sin duda, no se puede reducir lo que no se puede medir.

Algunas empresas ya lo hacen voluntariamente. En nuestro caso, en Bulb, publicaremos nuestras emisiones de CO2 a finales de este año. Pero tenemos claro que algo tan importante no debería ser voluntario. Debemos ser transparentes para que los consumidores, los trabajadores y los inversores puedan tomar decisiones informadas y comparar las empresas en función de su impacto ambiental real. Y pensamos que deben poder hacerlo ahora, si cabe, más que nunca.

En su estudio de febrero de 2009 sobre la recuperación económica, la OCDE resaltaba la importancia de que las políticas de salida de las crisis económicas sean sostenibles y puedan durar en el tiempo. Resaltaba que es importante que se aborden las debilidades subyacentes al sistema actual, para que los problemas no vuelvan a repetirse, y que se vean como oportunidades de fomentar el cambio y la innovación, así como de potenciar a las industrias emergentes.

Aunque el Covid-19 ha provocado que la conversación sobre el clima deje de ser una prioridad, no debemos rendirnos en esta batalla. Es imprescindible la voluntad y unanimidad de los gobiernos, de las grandes y pequeñas empresas, y de los ciudadanos con sus acciones individuales, para que todos los esfuerzos y logros alcanzados hasta la fecha nos ayuden a impulsar el futuro.

Hemos demostrado que permaneciendo unidos podemos generar un gran impacto. No lo olvidemos.