Ni carne de mala calidad ni de animales maltratados

Las declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, cuestionando la calidad de la carne española en un medio de comunicación británico son de una extrema gravedad no solo porque no son propias de quien tiene entre sus principales obligaciones defender la imagen de nuestro país en el exterior, sino porque directamente faltan a la verdad.

El mejor termómetro de la calidad de las carnes españolas es el incremento que año a año han tenido sus exportaciones. En 2020, se marcó un récord al alcanzar los 8.680 millones de euros, casi un 15% más, un crecimiento liderado por el sector porcino cuyas ventas más allá de nuestras fronteras alcanzaron las 2.130.808 toneladas, por valor de 5.651 millones de euros, lo que representa un crecimiento del 23,5% en valor y un 23,9% en volumen. En cuanto al vacuno, el balance fue igualmente positivo, con una cifra de 760 millones, un 12,9% más.

Nuestro país no solo ha hecho un tremendo esfuerzo en calidad y competitividad, sino que es uno de los abanderados en Europa en la mejora del bienestar animal. De ello da prueba el sello creado por la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (Interporc), tan solo igualado por países como Dinamarca y Países Bajos.

La entrada en vigor en 2001 de la Directiva comunitaria sobre las normas mínimas para la protección de cerdos en las granjas marcó el inicio del proceso de adaptación al modelo de producción más exigente del mundo en condiciones de alimentación, descanso y desarrollo pensadas para el bienestar de los animales, no sólo en las granjas, también en su transporte y en los mataderos. Además, España cuenta con otras normativas complementarias que otros países de nuestro entorno no acometen, como la limitación en el tamaño máximo de las granjas; distancias mínimas entre granjas o espacios mínimos obligatorios para los animales. El pasado año se aprobó además un Real Decreto que establece que todas las personas en contacto con los animales posean una formación adecuada, con cursos periódicos o la obligatoriedad de disponer de un Plan de bienestar animal.

De manera voluntaria, el porcino de capa blanca había impulsado antes el sello ‘Compromiso Bienestar Certificado’, que se adelantó a los nuevos requisitos exigidos y además certifica que los productos se han elaborado cumpliendo con los más altos estándares del mundo en sanidad, bioseguridad, manejo de los animales y trazabilidad en todos los eslabones de la cadena, con requisitos que van mucho más allá de las normativas europea y nacional, avalados por auditorías periódicas por parte de certificadoras independientes.