Una condecoración real entre podas y ordeños

El agricultor David Lafuente y la ganadera Noelia Aparicio dejaron durante unas horas el huerto y el rebaño de ovejas para recibir la Orden al Mérito Civil por su “ejemplaridad”

David Lafuente reconoce que la condecoración “ha sido una sorpresa que no esperaba porque no trabajas para esto, pero estoy agradecido. No necesito medallas porque ya las tengo en casa con mi mujer y mis niños, pero es un orgullo porque se ha valorado la profesión del agricultor, y por mis abuelos, que me inculcaron esto y por la gente que te quiere. Yo sigo trabajando igual de feliz, pero no me ha cambiado la vida”, afirma este joven al que, de hecho, interrumpimos en plena faena en la huerta para con él hablar telefónicamente.

La ganadera leonesa Noelia Aparicio se muestra “superemocionada porque es un reconocimiento a mi marido y a mis hijos, que han estado conmigo al pie del cañón desde que comenzamos de cero la explotación. Y es un reconocimiento también a la ganadería en general y a la de ovino en particular y más a los que producimos leche porque es la actividad más sacrificada ya que no dejas de estar en la explotación por la mañana y por la noche sí o sí”. Nos cuenta que el día de la imposición de la Orden al Mérito Civil “por la mañana estaba con el Rey y por la noche ordeñando a las ovejas”.

Noelia y David, dos de los 20 españoles condecorados por el Rey por su “ejemplaridad” durante la pandemia, comparten no solo la pasión por lo que hacen, sino también puntos comunes en sus trayectorias. En ambos casos su apuesta por el campo no fue fruto de la inercia, sino de una decisión meditada y valiente que les hizo comenzar desde la nada. Y los dos son, además, máximos exponentes de una agricultura y ganadería que pivota sobre la estructura familiar.

David era un ingeniero técnico con un máster en Agricultura Ecológica en el que no encajaba en su manera de pensar cómo se hacían las cosas en la industria alimentaria en la que trabajaba. La “curación gracias a la comida” de los problemas de salud de su hermana Ana, licenciada en Ciencias Empresariales, terminaron por fraguar el caldo de cultivo para que ambos decidiesen recuperar fincas familiares en desuso para montar “La huerta del Rizos”, santo y seña de la agricultura ecológica en un lugar privilegiado como es el valle riojano de Iruega. “No teníamos cargas personales ni económicas grandes y nos lanzamos. El cultivo de la huerta era algo que habíamos vivido desde pequeños porque mi abuelo que era ganadero fue el que me lo inculcó. Vuelves a tu origen y recuperas las cosas que te gustaban. Estamos muy contentos, pero trabajando mucho”, afirma David, que sigue siendo el rizos para sus amigos.

Con una producción 100% ecológica certificada “porque no sé hacerlo de otra manera y creo que es el camino que debemos seguir los jóvenes”, La huerta de Rizos no solo es la mejor tarjeta de presentación de la agricultura orgánica en nuestro país, sino un foco en el que se irradia formación y concienciación.

“La idea era enseñar cómo cultivar de otra manera. Damos talleres de huerto urbano y ecológico. También recibimos visitas de familias y de colegios para acercar este tipo de producción”, explica David. Una labor didáctica que empieza también con sus propios clientes. “Les hemos educado a que coman productos de temporada, cuando están en todo su esplendor, igual que hacían nuestros abuelos. Eso la gente lo entiende y estamos agradecidos”.

La trayectoria ganadera de Noelia Aparicio comenzó en el año 2000. Con dos hijos y su marido trabajando en la ciudad tras siete años en la panadería familiar, apostaron por hacer realidad su sueño de “montar algo”. Descartado el vacuno de leche “porque había que comprar cupo” y las cabras “por un incidente que tuve con una de pequeña”, compraron 265 ovejas y un terreno donde levantar una nave “y de aquella también nos hicimos albañiles porque la construimos con nuestras propias manos”. Y hasta ahora.

“Al comenzar o pones mucho entusiasmo, ilusión y ganas o abandonas. Pero nos animábamos el uno al otro” afirma esta mujer que irradia optimismo y encara sin titubeos la vida. “Cuando empezamos no quería ni echar cuentas. Había que pagar toda la inversión. Luego llegó la crisis de 2008, con bajos precios en la leche y altos en los piensos. Hemos resistido a base de echarle horas. Ahora estamos con un precio de la leche bueno, pero los cereales están por las nubes. Si a eso le sumamos cómo se nos está poniendo la luz y el gasóleo...”

Noelia es también una abanderada del trabajo de la mujer en el campo. Más bien de su reconocimiento porque “en el 90% de las granjas de ovino hay una mujer trabajando”, dice. Para salir de esa sombra y que cuenten con los mismos derechos que los hombres, pertenece a la directiva de la Asociación de Mujeres Agroalimentarias de España (AMCAE). Además, esta ganadera leonesa de Carrizo del Río es la única presencia femenina en el Consejo Rector del Consorcio de Promoción del Ovino, donde afirma sentirse una más “porque siempre me han respetado mi opinión como ganadera”.

“Trabajamos por el país”

David reconoce que “lo que más ilusión me ha hecho es que se reconozca la agricultura. Se ha premiado por el tema de la pandemia, pero también el proyecto de dos hermanos que intentan enseñar y formar y que demuestran que las cosas se pueden hacer de otra manera”. Po ello reivindica, “precios justos” para un “oficio muy duro” en una explotación pequeña en la que todo es manual, desde la poda a la recolección, y que sigue la máxima de “cuidar el suelo para tener alimentos sanos. Se trata que el consumidor priorice los gastos en la alimentación, que la hemos dejado aparte y preferimos comprarnos una tablet o un móvil”.

Noelia afirma que “hoy por hoy no me vería en otro sitio” y muestra su agradecimiento a que “la Casa Real se haya fijado en la ganadería para se pueda cambiar la imagen que se tiene de ella. Más respeto al medio ambiente, al bienestar animal que un ganadero no lo va a tener nadie. Nosotros tenemos una economía circular. Come la oveja, el estiércol va para el campo y de ahí de nuevo produce alimento para las ovejas. No hace falta estudiar tanto para saberlo. Pero se oyen tantas tonterías...” Concluye mostrando el “orgullo” de lo que hace junto a su marido y su hijo, incorporado también a la explotación agroganadera. “Estamos trabajando por el país”, afirma.