Innovar en tiempos difíciles

Innovar en tiempos difíciles’ podría ser el título del documental protagonizado por la industria alimentaria en estos meses atrás. Un periodo de grave crisis y prolongada incertidumbre, que se extenderá a lo largo de este nuevo ejercicio, en el que la agroindustria se ha enfrentado a una de las pruebas más complejas de su historia: mantener activas las empresas y la normalidad en el abastecimiento.

Detrás de esta afirmación hay, lógicamente, muchas horas de trabajo, un gran esfuerzo personal y colectivo, un extraordinario sentido de la colaboración en toda la cadena alimentaria... Y tres ideas muy claras: innovación, innovación e innovación.

Desde que el coronavirus irrumpió en nuestra vida, nada sigue igual. Ha cambiado radicalmente el escenario socioeconómico. Tenemos otras prioridades, distintos hábitos de comportamiento y de consumo, otras formas de utilizar nuestro tiempo libre, otras maneras de relacionarnos con nuestros seres queridos, con nuestros clientes, con la cultura, con el ocio, con el trabajo... Un escenario nuevo, en el que la industria agroalimentaria ha sabido mover el timón con ánimo de servir, con inteligencia.

Probablemente, las propias características de un sector tan competitivo han contribuido a esta rápida reacción. Obligada a innovar día a día, la industria ha sido capaz de responder como sector esencial en una coyuntura de dificultad extrema.

Ahora vamos con mascarilla, ahora compramos más a través de los cauces online, ahora valoramos también más el comercio de proximidad, etc. Pero el sector ha seguido ahí, garantizando en primer lugar la seguridad de las personas que trabajan en sus empresas; garantizando la seguridad alimentaria, el abastecimiento y la calidad del producto. Y trabajando para seguir innovando.

¿Innovar, en qué? En la mejora de los productos, para hacer realidad el compromiso de evolucionar permanentemente en función de las demandas del consumidor, de nuestro conciudadano. En la mejora de los procesos, para ganar en calidad, sostenibilidad y eficiencia. En la mejora de los equipos humanos, siempre en constante proceso de formación. En la respuesta a los retos 4.0 y digitalización, en la nueva cultura, en la nueva gobernanza. En la formulación de los objetivos y estrategias de comunicación, tan determinantes en la generación de confianza.

El sector agroalimentario crece a buen ritmo -y constante-, tanto en términos de negocio como de empleo. Es una referencia estratégica del sistema productivo. Pero es, sobre todo, un sector enraizado y comprometido con sus gentes, con el desarrollo socioeconómico de su tierra. Es el alma de la ansiada recuperación del mundo rural. Es un buen embajador de España en el mundo.

El tejido empresarial que concentra el sector se asienta fundamentalmente en el medio rural. Y la inmensa mayoría son medianas y pequeñas empresas, entre las que abundan las micropymes. Son el eslabón de la cadena de valor que une al sector productivo con la distribución, cuyos representantes buscamos precisamente anclar mecanismos de colaboración, conscientes de que -en efecto- el total es siempre mayor que la suma de las partes.

Éste es el sector que ha mantenido -y mantiene- su compromiso con la innovación, para asegurarse una mejora constante, atendiendo al mismo tiempo las demandas de un mercado enrarecido por la crisis sanitaria. Lo importante ha sido -y sigue siendo- adaptar la actividad a una situación atípica, nueva, que amenaza con prolongarse y que logrará modificar determinados hábitos para siempre.

Un excelente notario del desarrollo práctico, real, de este compromiso de sector agroalimentario con la innovación es la colección bienal Alimentos del futuro que edita la Asociación de la Industria Alimentaria de Castilla y León (Vitartis), cuyo cuarto número se presentó recientemente.

Alimentos del futuro 2020, además de ofrecer los análisis de un panel de expertos de primera línea, es el relato de más de 50 casos prácticos de innovación, que han llevado a cabo 44 socios de Vitartis: 36 empresas, cuatro universidades y otros tantos centros tecnológicos. Innovación en productos, en servicios, en tecnología, en envases, iniciativas sostenibles, proyectos de innovación colaborativa de grandes compañías y de pequeñas y medianas empresas, iniciativas promovidas por los centros del conocimiento e I+D+i, etc. Un amplio abanico de iniciativas que permiten al lector asomarse al balcón del dinamismo de un sector estratégico y eminentemente innovador.

Como puse de manifiesto en el acto de presentación de Alimentos del futuro 2020, lo que queremos es contribuir a fortalecer nuestra posición como sector relevante y seña de identidad de Castilla y León, a través de la colaboración competitiva y apoyándonos en aspectos en los que destacamos: la innovación, la sostenibilidad y los exigentes estándares de calidad y seguridad con los que trabajamos de forma habitual. Y trasladar todo ello con orgullo, rigor y transparencia a la sociedad.