Los jóvenes se abren paso en las cúpulas de las cooperativas

Sergio Ruiz Fernández, María José Pérez Pérez y Carmen Bernal Espárraga representan a la nueva generación de presidentes de cooperativas en nuestro país. Todos abogan por la necesidad de que estas compañías ganen tamaño para ser competitivas y atraer a más jóvenes a la actividad agraria

Los jóvenes (menores de 40 años) representan el 9,6% de la base social de las cooperativas agrarias y copan un 3,7% de sus presidencias. Son datos de 2019 recabados por el Observatorio Socioeconómico del Cooperativismo Agroalimentario, una herramienta estadística de Cooperativas Agro-alimentarias de España que ya detectaba entonces ligeros incrementos del peso de este colectivo. Incorporarse a una cooperativa es, de hecho, uno de los aspectos a los que los jóvenes agricultores y ganaderos dan más importancia desde el momento en el que desembarcan en el sector, conscientes de que la unión hace la fuerza.

Pero la unión no se queda para ellos ahí. De hecho, también tienen claro que ganar músculo es fundamental para poder competir con más fuerza en los mercados, de ahí que aboguen por la propia unión de cooperativas. De igual modo, y siempre con el objetivo en el punto de mira de conseguir mejores rendimientos y mejores condiciones para los socios, apuestan por fomentar en estas organizaciones el relevo generacional. Y es que, la juventud actual, por las circunstancias en las que la ha tocado vivir en comparación a las de sus padres y abuelos, no sólo aporta más valentía a la hora de afrontar retos de inversión, sino también una mejor preparación en materia de nuevas tecnologías y, por lo tanto, una mayor capacidad de adaptación a la imparable y necesaria revolución digital.

Así lo señalan Sergio Ruiz Fernández, María José Pérez Pérez y Carmen Bernal Espárraga, de 39, 41 y 39 años respectivamente, y presidentes, en cada uno de los casos, de la Cooperativa Olivarera del Trabuco, de Villanueva del Trabuco (Málaga); Bodegas Símbolo- Cooperativa Nuestra Señora de Criptana, de Campo de Criptana (Ciudad Real), y la Cooperativa Virgen de las Virtudes, de Fuente de Piedra (Málaga). A los tres les “buscaron” para proponerles abordar la presidencia de sus respectivas entidades, algo que no dudaron demasiado en afrontar. “Era un reto, pero si no tomamos la iniciativa nunca vamos a estar”, afirma María José Pérez, ingeniera técnico agrícola, hija y esposa de agricultores y, desde 2017, asesora técnica de la cooperativa de 450 miembros Nuestra Señora de Criptana.

De las palabras de los tres se desprende, no sólo que los jóvenes del agro actual se sienten capacitados para asumir responsabilidades y piden paso, sino también que hay una inquietud en el seno de las propias cooperativas por abrirles la puerta y favorecer la transición.

¿Por qué, que pueden y qué se espera que aporten? “Ganas y valentía a la hora de afrontar nuevas inversiones”, algo a lo que los mayores del gremio, por su edad y mentalidad, ya no están tan dispuestos. “La gente mayor tiende a acomodarse y no quiere complicarse la vida”, asevera Sergio Ruiz, quien al hacer balance de los ocho años que lleva en el cargo, señala las inversiones en mejora de infraestructuras como su mayor aportación a la entidad que capitanea y que está integrada por 1.500 socios.

De las aulas al olivar

“Los jóvenes tenemos mucho que aportar, por formación académica y digital a las que antes no podían acceder. Cada vez estamos más preparados y apostamos más por salir de la zona de confort”, añade, por su parte, Carmen Bernal. Ella, profesora de inglés en su colegio de toda la vida en Antequera, bien considerada en el centro educativo y con una situación laboral cómoda, decidió hace dos años, llena de incertidumbres por lo que les iba a deparar el futuro a las explotaciones olivareras que desde niña había recorrido con su padre, dar carpetazo a más de una década en las aulas y dedicarse a mantener esos cultivos. No puede sentirse más orgullosa y convencida de haber hecho lo correcto, de haber tomado un camino que hoy la permite seguir paseando entre los olivares familiares y disfrutar de sus dos pequeños. “He ganado en calidad de vida, me gestiono a mí misma e invierto mi tiempo en lo mío”, afirma con satisfacción.

“No hay que quedarse atrás, hay que subirse al carro y cuanto antes”, asegura María José Pérez en relación también a esa adaptación a la era digital que los jóvenes, a su entender, deben capitanear en las cooperativas. Para la presidenta de la cooperativa Nuestra Señora de Criptana esa adaptación es fundamental, no sólo para ganar en rentabilidad y competitividad, sino también para cambiar con la “imagen denostada que todavía existe del campo” y favorecer el relevo generacional y la incorporación de jóvenes. “La agricultura de hoy es más mecanizada, no es tan esclava como antes; es bonita, satisfactoria y rentable económicamente”, afirma antes de subrayar que, en este aspecto, en la comarca de Criptana son “unos privilegiados” porque hay “un número importante de jóvenes incorporados”.

Sabe María José, no obstante, que no es la regla general, y así lo ve también la malagueña Carmen Bernal, para quien “hacer el sector atractivo para los jóvenes” es uno de los retos más importantes que deben afrontar las cooperativas, como también las administraciones si de verdad se quiere luchar contra la despoblación. Para ella es esencial que, más allá de la pandemia, se ponga en valor la consideración del sector como “de primera necesidad”, un objetivo al que suma, como también lo hacen Sergio Ruiz y la propia María José, el de lograr una mayor unidad entre las propias cooperativas para ganar músculo y, con ello, fuerza competitiva.

“Parece un tópico, pero deberíamos estar más unidos, ser un único interlocutor ante el cliente para lograr precios más justos”, señala María José Pérez, algo de lo que dan fe las entidades malagueñas de Villanueva del Trabuco y Fuente de Piedra, también adheridas a la cooperativa de segundo grado Dcoop, que reúne a 75.000 agricultores y ganaderos y es el mayor productor oleícola mundial. “No tendríamos la fuerza ni la proyección, no podríamos ser lo que somos y vender como vendemos sin Dcoop”, asegura Carmen Bernal, quien, además de dirigir actualmente como administradora única Agroservicios Bernal y Servicios Agrícolas M. Campos y presidir su cooperativa, es también la única mujer de 22 miembros en el Consejo Rector de Dcoop.

En el organigrama de este grupo, en su caso como representante de los socios comunes de la Sección de Aceite, está también presente Sergio Ruiz Fernández, quien, en una línea similar, considera que “las cooperativas por sí solas lo tienen muy difícil”. “Nosotros no somos chicos” -afirma en relación a los 1.500 socios de la entidad cooperativa que preside y a los “30 millones de kilos de aceituna” que recolectan-, pero “por nosotros mismos no podríamos salir con la fuerza de Dcoop”, subraya no sin dejar de reconocer que la unidad es algo de lo que adolece el sector. “La mentalidad de estar unidos es malísima en España, nos tiramos piedras unos a otros”, pese a que, como sabe por su propia experiencia, “la unión nos hace más fuertes”.

Poner en valor el papel de la mujer

“La gente joven va cambiando el chip” y el relevo en el mundo cooperativista “puede ser también muy importante para fomentar esa unidad”, rubrica además este joven que estudió un módulo de cocina y probó en la hostelería antes de recalar en el campo, sobre ese fortalecimiento del músculo cooperativista que parece subrayado en la hoja de ruta de quienes, como él, cada vez en mayor medida toman las riendas de estas entidades en las que viaja buena parte del futuro del mundo agroganadero español.

Dejar definitivamente atrás el cliché del machismo y poner en valor el papel de la mujer en el campo. Es otro de los factores clave por los que pasa el futuro del cooperativismo español. “No he encontrado barreras, ni por edad ni por ser mujer”, afirma la presidenta de la Cooperativa Virgen de las Virtudes antes de subrayar, a modo de corroboración, que su vicepresidente cuenta con “87 años” y que sí, aunque éste sigue siendo un sector “de hombres”, en su caso no se ha topado con “machismo alguno”. “No es un mundo machista; nunca jamás he notado esto en el mundo cooperativista”, señala en sentido similar María José Pérez, antes de animar a las mujeres a “dejar atrás el miedo a dar un paso al frente” y a creer en lo mucho que pueden aportar, no sólo a pie de campo, sino también tareas de gestión y administración.

Convencido de que la presencia femenina es “muy importante” está también Sergio Ruiz, tanto que en la candidatura con la que ayer mismo optaba a la reelección ha incorporado a dos mujeres, un gesto que, como la presencia de Carmen y María José a los mandos de sus respectivas cooperativas deja entrever, en definitiva, que se van superando estereotipos.