Una política agrícola común reforzada para
una producción de alimentos más sostenible

En el poco tiempo que llevo como comisario de Agricultura he tenido ya la oportunidad de hablar con agricultores de varios países de la UE. Todos ellos coinciden en la necesidad de avanzar hacia un modelo de producción de alimentos más sostenible y mi principal objetivo como comisario es trabajar sin descanso en favor de una política agrícola común reforzada para ayudarles a conseguirlo. Los consumidores y la sociedad en general exigimos cada vez más a nuestros agricultores: les pedimos que produzcan alimentos seguros y que protejan a la vez nuestros recursos naturales y el clima y respeten el bienestar de los animales. Nuestros agricultores pueden responder a estas exigencias, pero debemos reforzar la ayuda que les damos. Si algunas zonas de producción agrícola no cumplen en la actualidad las condiciones de sostenibilidad, o si hay demasiada concentración o intensificación en un determinado sector, no es porque nuestros agricultores lo quieran, sino por las circunstancias económicas que les han obligado a aumentar la escala y la intensidad de la producción para mantener sus explotaciones. Nuestro reto ahora es ayudar a nuestros agricultores a cambiar, para que la agricultura no se convierta en una industria más.

Los agricultores de toda la UE nos alimentan y protegen. Garantizan la seguridad de abastecimiento alimentario a 500 millones de europeos y, al mismo tiempo, cuidan nuestra tierra y el entorno en el que vivimos. Sin embargo, muchas explotaciones, especialmente las más pequeñas de tipo familiar, están desapareciendo. Solo en la última década, el número de explotaciones se ha reducido en cuatro millones, pasando de unos 14 millones a alrededor de diez millones. La situación es diferente en cada Estado miembro, pero el problema afecta principalmente a las explotaciones más pequeñas, de menos de cinco hectáreas.

Tenemos un grave problema de relevo generacional en nuestras zonas rurales. Los jóvenes no quieren, a menudo, hacerse cargo de las explotaciones de sus padres o de empresas rurales. Las zonas rurales están perdiendo su atractivo, con el envejecimiento y la disminución de la población. Más de un tercio de los agricultores europeos tiene ahora más de 65 años. Considero que mi función es dar a los agricultores la oportunidad de volver al campo y apoyarles en su trabajo. La próxima PAC, con los objetivos fijados en la Estrategia de la granja a la mesa, tendrá que acompañar a los agricultores para aumentar su nivel de ambición en la reducción significativa del uso y el riesgo de plaguicidas químicos, así como el uso de fertilizantes y antibióticos.

La Estrategia de la granja a la mesa es una parte esencial del Pacto Verde europeo, cuyo objetivo es apoyar la transición de la UE hacia sistemas alimentarios más sostenibles y crear un entorno alimentario que haga de las dietas saludables la elección más fácil para los ciudadanos de la UE. Dado que existen muchas políticas de la UE que afectan a la cadena alimentaria, la Estrategia contribuirá a garantizar la coherencia entre todas estas políticas. Estas medidas aportarán en conjunto una contribución importante a los objetivos más ambiciosos de la UE en materia de medio ambiente, economía circular y salud, y harán posible que la UE se convierta en líder mundial en la producción sostenible de alimentos y contribuya a garantizar la protección de nuestro capital natural, en el que se basa el futuro de nuestro sistema agrícola.

Los agricultores, como gestores de nuestros recursos naturales, serán fundamentales para lograr estos objetivos, pero necesitarán nuestra ayuda. En primer lugar, necesitarán información clara sobre la manera en que se desarrollará el sistema alimentario. Los agricultores y otros agentes económicos necesitan saber qué pueden esperar para tomar las decisiones adecuadas sobre sus inversiones. Necesitarán ayuda para aprovechar todo el potencial de nuestras explotaciones y zonas rurales. Al mismo tiempo, queremos avanzar más rápidamente hacia un sector agrícola realmente basado en el conocimiento, apoyado por la transformación digital y por una economía rural digital. Las nuevas tecnologías, la formación adecuada y la transferencia de soluciones innovadoras nos permitirán abordar al mismo tiempo la competitividad y la eficiencia climática. La estrategia de la granja a la mesa supondrá un impulso adicional en este ámbito, al abrir oportunidades en todas las fases de la cadena alimentaria.

Nuestros agricultores pueden utilizar las nuevas tecnologías y los avances científicos y responder a la creciente sensibilización y demanda de los ciudadanos en materia de alimentos sostenibles. Para ello es necesaria la innovación tanto a nivel regional como local. La innovación requiere investigación y, por esta razón, el programa Horizonte Europa tiene una dotación de diez mil millones de euros para los recursos alimentarios y naturales. Por último, nuestros agricultores y zonas rurales deben saber que tenemos la intención de que nadie se quede atrás. Debemos abordar la necesidad de una ayuda equitativa para abordar las condiciones socioeconómicas desfavorables en algunas partes de nuestras zonas rurales.

En lo que respecta a la Estrategia de la granja a la mesa, la Comisión Europea ya mantiene reuniones periódicas con los distintos interlocutores. Queremos intercambiar puntos de vista y entender cuáles son sus prioridades y dónde están sus problemas. La transición hacia sistemas alimentarios sostenibles es un desafío mundial y la UE debe trabajar en estrecha colaboración con sus socios internacionales para impulsar la convergencia de iniciativas en otras partes del mundo. En la medida de lo posible, debemos encontrar el modo de garantizar que nuestro consumo en Europa no esté alimentando la deforestación ni el dumping social en terceros países. Necesitamos urgentemente que se haga más hincapié en las cuestiones medioambientales y climáticas para contribuir a mejorar la resiliencia de nuestro sistema agrícola. Mi objetivo es garantizar que el futuro papel de los agricultores europeos sea el de proporcionar alimentos saludables y nutritivos producidos en condiciones de primera categoría para el bienestar de los animales y el respeto al medio ambiente. Si queremos que la agricultura contribuya realmente al logro de los objetivos del Pacto Verde Europeo, no será con medidas coercitivas, sino con ayudas y asistencia.